Mein Engel über den Himmel ~ V. “El fin del mundo”.

LV. Anamnesis – Tercera Parte: “Sobre el miedo y la inocencia”.

   -En la vida humana hay seis miedos esenciales; el miedo a la soledad, lo que nos impulsa a mejorar y nos hace relacionarnos entre nosotros; el miedo al olvido, la razón de fundar la institución familiar y establecer el legado; el miedo a desaparecer, la necesidad de sentirse querido y asegurar una inmortalidad; el miedo al rechazo, ese sentimiento sobrecogedor de sentirse al mismo nivel de quienes consideramos superiores; miedo a la miseria, ese egoísmo de querer vernos superiores a los demás; y por último, el miedo a la muerte, la suma de todos los miedos anteriores. Morir nos trae incertidumbre, nos da miedo, es eso desconocido que no podemos interpretar, no se nos está permitido hacerlo, pero ahí está, es parte de todo y no comprendemos.

   ¿Qué somos los humanos sino un paño roto en el viento? No somos más que aquel simio que le lanzaba rocas a la luna cuando la vio por primera vez sobre los cielos, así es la vida humana, simple y banal, comparado a todo lo que sucede en el universo, la mente humana es un mero suspiro en la historia arcana del mundo ¿Qué sabemos nosotros de la vida si todavía no terminamos de experimentarla? Por eso nunca terminamos de entenderla, y en eso se nos va el tiempo, luchando por asegurarnos de cumplir nuestra muerte idealizada. ¿Pero qué sucede si se interrumpe ese proceso? Si la muerte llega de forma inesperada y hostil. Es ese miedo ligado a la furia, a una lamentación, una esa pena irascible que nos reúne aquí hoy.

   En  eterna memoria entregamos el cuerpo de Julia Engelberg de regreso a la tierra madre. Porque es la tierra quien nos da de comer, solo para que en algún momento nosotros seamos su alimento. Despedimos a una noble esposa y cariñosa madre para que su recuerdo perdure en las generaciones hasta el juicio del último día. Cenizas a las cenizas, polvo al polvo. 

-(…los sacerdotes de la Asamblea siempre son tan arrogantes)

-Ya sabes cómo funciona la Asamblea y sus políticas neutras. Por cierto ¿Ya viste? La niña que está junto a Eric, lo toma de la mano como si fuera su padre.

-No sabía que los Engelberg tuvieran una hija. Tendrá unos cinco o seis años.

-Es muy extraño.

   La niña observaba a las personas murmurar mientras no ponía atención a lo que estaba sucediendo. ¿Qué podría saber? Los rituales adultos no eran algo que un pudiera o intentara comprender. Su madre ya no estaba y esa persona que la tomaba de la mano se sentía cada vez más responsabilizada de ser su padre. Para ella su familia era su mundo, dos personas eran su núcleo, y ahora una parte de su corazón ya no estaba, y sabía que lo mismo sucedía con su padre, el cual, siempre tuvo un vínculo más importante con su esposa, no con su hija ¿Por qué? No lo entendía, pero aún así se sentía obligada a quererlo y no le molestaba eso, solo que cada vez se esforzaba menos. Su padre, por su parte se encontraba destrozado y enojado. En su corazón reinaba la discordia y una furia inmensurable, él sabía quién era el culpable, pero no disponía de una evidencia más allá de su palabra para comprobarlo, y eso lo enfurecía.

*

(Un mes después…)

   Nadia fue jalada del el brazo por su padre y continuó caminando rápidamente tras de él, atravesaron el pasillo, luego las escaleras.- Tu madre murió por amor, nunca olvides eso Nadia, ella murió porque te amaba, yo también estoy en peligro– Continuaron avanzando hasta detenerse frente a la habitación de Nadia y entraron.

Siéntate, no tenemos mucho tiempo. Toma, este sobre contiene todo lo que necesitas saber de ahora en adelante. Mi testamento, una carta, tu acta de nacimiento y tu nombre verdadero (no se lo digas a nadie) y toma, mi diario, donde podrás aprender todo lo que yo sé ¡Mírame! Hija mía, te amo, tampoco olvides eso nunca. Espero algún día puedas entenderlo y me perdones.- Puso el sobre debajo de su almohada y le dio un beso en la frente.- Hija mía, se valiente, a partir de ahora esta casa te pertenece solo a tí, no dejes nunca que alguien intente convencerte de lo contrario. ¿De acuerdo?– Puso una llave pesada en sus pequeñas manos y se incorporó. –No salgas de aquí hasta mañana. Esconde todo lo que te di, solo tú debes tenerlo… Mi niña, tienes que ser muy valiente, cierra por dentro cuando me vaya.- Su voz se quebró y salió de la habitación, la miró un momento, como intentando conservar este momento para siempre, entonces cerró la puerta y empezó a caminar hasta que sus pasos se dejaron de escuchar. Nadia estaba confundida, no sabía lo que estaba sucediendo, la repentina reacción de su padre y su cariño le habían llegado por sorpresa, de alguna forma se sintió aliviada de saber que su padre sí la amaba, y aunque no entendía nada, sabía que tenía que hacer lo que él decía, así que cerró la puerta con llave, regresó a su cama y tomó el sobre y sacó unas hojas apergaminadas y comenzó a leer.

 “La razón por la cual no te dirigía la palabra es porque existe una superstición, la cual decía que una hembra que naciera en la familia sería la encargada de acabar con el linaje y sumergir la casa en tinieblas. Tu madre y yo jamás creímos en esa estúpida superstición, te amábamos desde que naciste y no tuvimos el valor para quitarte tu preciada vida. Pero mi familia te descubrió y ahora intentarán buscarte. Pero llevamos la ventaja, tu madre y yo sabíamos cómo protegerte, así que diseñamos un hechizo de contención para que nadie de mi familia pudiera entrar a la casa. Pero si alguna vez llegara a suceder, usa la llave que te dejé, abre la puerta de espejos que está en el sótano, ahí dentro encontrarás ayuda. Solamente si es necesario. Mientras tanto, solo hay tres personas en las que puedes creer, tu tío Jon, y mis amigos Evan Stern y Nickolaus Marcovick, confía en ellos y en nadie más, te apoyarán siempre.” Nadia dejó la carta en su cama, tomó la llave en sus manos y la contempló unos momentos. No entendía muy bien lo qué estaba sucediendo pero desde ese momento Nadia entendió que jamás saldría de su casa.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en diciembre 7, 2015.

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