Mein Engel über den Himmel ~ V. “El fin del mundo”.

LIV. Anamnesis – Segunda Parte: “Sobre la inocencia y el miedo”.

   La niña estaba pensando sobre la oscuridad que la rodeaba, no entendía como algo tan intangible pudiera tener forma. ¿Por qué puedo atravesarla si se ve tan densa? Pensaba, mientras daba pequeños pasos en línea recta hacia adelante y tambaleándose ocasionalmente. ¿Por qué no tiene sonido la oscuridad? ¿Habrá algo viviendo ahí dentro? La niña continuó caminando agitando los brazos esperando pegarle accidentalmente a algo, pero no tocaba nada. ¿Por qué si se parece al agua no puedo nadar en ella? Optó por bajar los brazos y caminar mecánicamente, su mente divagó en otros temas y olvidó percatarse el camino que llevaba, hasta que en un momento recordó lo que estaba haciendo y se dio cuenta que ya no había rastro de luz visible detrás de ella, no había cadena de migajas que la llevara de vuelta por donde había venido. Entonces se sintó honestamente perdida, sin a dónde ir, sin de dónde venir. Pero no se sentía asustada, navegar a ciegas en un mundo de oscuridad no le parecía mala idea. Era como soñar, o como darse un baño, tendía mucho a relacionar la oscuridad con el agua. Recordaba la vez que encontró una gotera en el baño de abajo donde caía agua negra ocasionalmente, eran gotas aisladas que aparecían totalmente negras, como si alguien fuera pintándolas al momento de salir de la tubería, no hacían nada en particular, solo caían y se desvanecían; al cabo de un tiempo la tubería se arregló y jamás volvió a ver esas gotitas de agua negra. ¿Era así la oscuridad? ¿Líquida? ¿Y sí esas gotitas son la prueba definitiva de que la oscuridad es líquida? Pensaba que tal vez estaba haciendo un descubrimiento muy importante para la humanidad, pero antes de coronarse como la niña más inteligente del mundo tropezó con un mueble, el susto la desconcentró y olvidó lo que estaba pensando. Se agachó para sentir la forma de una silla de madera muy grande y polvosa, sí, tenía forma de silla y era muy grande. Al extender los brazos encontró lo que parecía sentirse como una puerta, no sabía si era de una habitación, de un ropero o un cajón, pero era una manija muy suave al tacto, de metal viejo maloliente por tantos años olvidado bajo una miserable capa de polvo inmóvil. Al girar la manija se escuchó tronar algo, el mecanismo interno de la puerta se reactivó después de muchos años recordando cómo era ser funcional, así que pesadamente, pero abrió. Un extraño olor a encerrado escapó al momento de abrirse y la niña tuvo mucha curiosidad de entrar, con mucho cuidado de no tropezar con algo más, en total oscuridad, en total y absoluta oscuridad. Al poner un pie dentro de lo que parecía ser una habitación se escuchó un crujido. Lo que estaba del otro lado de la habitación también se detuvo, se quedaron mirando entre sí sin saberlo. La niña avanzó unos pasos, con las manos enfrente y los ojos bien abiertos siguió caminando hasta encontrar algo que parecía sentirse como una tela muy pesada y gruesa.

-Me alegro mucho que llegaras.

-¿Quién eres?

-Eso no importa. Tus manos son muy cálidas, muchas gracias por estar aquí.

-¿Por qué? ¿Acaso me esperabas?

-De alguna manera sí, aunque no esperaba que tan pronto…

-¿Quieres que regrese en otra ocasión?

-No. Si sucedió ahorita hay que celebrarlo.

-¿Quién eres? ¿Te conozco? ¿Trabajas aquí?

-No mi niña, ninguna de esas preguntas tiene una respuesta positiva.

-¿Estás triste? Te escuchas triste.

-No mi niña, no estoy triste, al contrario, me encuentro muy feliz.

-¿Por qué?

-Porque si eres tú quien ha llegado aquí quiere decir que estás a salvo en este momento.

-¿A salvo de qué?

-Cuéntame tu miedo más grande.

-¿Mi miedo más grande? No lo sé, no lo he pensado.

-¿Cuál es tu miedo más grande?

-No lo sé, no lo he pensado.

-¿Es quedarte sola?

-No, me gusta estar sola, no hay nadie que me esté diciendo qué hacer.

-Eres fuerte, ahora realmente entiendo por qué estás aquí.

-¿Por qué?

-Porque tu estás destinada a algo muy grande en este mundo, mi niña.

-¿Y cuál es mi destino?

-Que nadie tenga qué decirte qué hacer.

   Hubo un silencio. La niña se sintió mareada, como si se estuviera cayendo dormida sin que así lo deseara, y sintió como si algo la agitara lentamente para hacerla caer de espaldas, apareció un dolor y perdió el conocimiento. Al abrir los ojos se encontró en una habitación conocida, era la suya, o al menos eso parecía. ¿Qué sucedió? ¿Fue un sueño? Se incorporó lentamente y sintió un dolorsillo en la nuca. No había sido un sueño, pero ya estaba en su habitación. ¿Qué sucedió? Al abrir la puerta percibió un escándalo que se apreciaba desde las escaleras, caminó hasta el borde del barandal y se quedó quieta mirando muchas personas corriendo y gritando mientras un espectro rojizo comenzó a hacerse negro debajo del cuerpo de su madre, quien miraba vacíamente hacia arriba, una mirada que jamás se volvería a cruzar con la de la niña. Entonces entendió que el dolor, el miedo, la oscuridad misma, existía, pero algo más aterrador que la oscuridad era su más grande miedo, a eventualmente irse quedando realmente sola.

 

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en diciembre 4, 2015.

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