Mein Engel über den Himmel ~ V. “El fin del mundo”.

LI. Las coordenadas más lejanas desde el Cielo.

 -…Sin duda regresar a la vida es un pasatiempo despreciable. ¿No es así jovencita? ¿O debo decirle señora? Porque no podría saber si eres menor o mayor que yo.

   -Inka es una Regeneradora honorable, jamás vería su don como algo de qué abusar. Ten más respeto.

   -¡Curioso! Alguien me dijo lo mismo hace poco. Pero no hablaré de ello, porque estoy frente a mi destino: la verdadera razón por la que estoy aquí.

   -¿Y por qué estás aquí?

   -Para reclamar mi lugar correspondiente en la familia, querida. Es hora de que la grandeza de los Engelberg se eleve una vez más hasta las nubes. ¡Tú! Niña de Eric, las reglas familiares señalan claramente que la cabeza de la mansión debe estar a cargo del miembro masculino más viejo vivo. Como podemos apreciar, este no es tu caso, mujer, sino el mío. Aquí tenemos de testigo a nuestro amigo Marcovick. ¿No es verdad Nick? ¿Que la familia Engelberg siempre se ha caracterizado por tener reglas y siempre cumplirlas inexorablemente?

   – Si, me temo que esa parte es verdad. Pero no es buena idea, y me parece que sabes a lo que me refiero.

   -Por supuesto que lo sé, si es precisamente por eso que he venido desde muy lejos. Cuando lo supe… cuando me enteré de la verdad acerca de Tierra Santa y lo que oculta el Castillo, mi corazón se sobrecogió por un poder casi tan destructivo como la felicidad, y pude, entonces comprobar que mi familia no era solo un puñado de viejos asustadoss aferrados a una tradición enfermiza, sino que todo resultó ser verdad. ¡Así es! Me dije, fue cierto y alabo la suerte por esta gran oportunidad, haré todo lo necesario para poder satisfacer mi propio delirio de grandeza.

Marcovick se quedó pensativo con la mirada puesta en el suelo. Los Hammers murmuraban entre ellos, mientras que Basil confrontaba a Nadia, quien parecía negarse a la posibilidad de que su tío siguiera vivo, además de las altas posibilidades de que pudiera tomar su lugar. Nadia sabía que eso tendría un efecto devastador no solo en la casa sino en todo lo demás. Ni Marcovick ni ella tenían intención de dejarlo entrar hasta que el viejo interrumpió.

   -¿No van a dejarme entrar verdad? Pues me temo que deberán considerarlo o de lo contrario “mis amigos” tendrán que intervenir y creanme, eso es mucho peor.

   -¿Qué?

*

Lucius se retiró de la ventana aún con Darla en sus brazos y se dirigií a Abigail, que jugaba torpemente con el piano.

 -Si lo que dices es verdad ¿Cómo podríamos colaborar con Engelberg? Si la intención es reunir a los último herederos en su casa, tendríamos que atravesar por un proceso bastante incómodo para siquiera pasar por la puerta. Lo sé, lo he vivido. Nadia no confía en mí, y la verdad es que eso no me importa, pero si de algo sirve lo que me propones, no tendré más remedio que llevarlo a cabo. Pero Darla viene conmigo, no voy a dejarla sola mientras el mundo se acaba.

   -Lo has tomado bastante bien. Eso me agrada ¿Sabes? Al principio pensé que no lograría convencerte y que te pondrías de cabeza dura de nuevo. Pero qué bueno que has entrado en razón ¡Admiro tu valor y responsabilidad!

   -Cuida tu sarcasmo niña. Una cosa es que tengamos los caminos cruzados y otra muy diferente a ser tu amigo, así que modera tu lenguaje conmigo cuando estés “cambiada”.

   -¿Entonces te agrada más mi otra yo? ¡Señor Lucius! No pensé que fuera esa clase de hombre.

   -Estoy empezando a detestarte.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en julio 1, 2015.

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