Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (Cont.)

XLVII. La séptima anomalía

 Mientras el hombre caminaba tranquilamente siguiendo los pasos firmes de Errem Strain, no pudo evitar percibir otra presencia en las inmediaciones; Leila se desplazaba silenciosamente sobre las copas de los árboles dando la impresión de serpentear en el aire, se mantenía lejos, pero vigilante. El veterano, confiado de sí mismo, sacó de su bolsillo una cigarrera de la cual tomó un puro largo y marrón y lo encendió; más tardó en prenderlo que lo que fue apagado por una ráfaga disparada por Leila, mientras agitaba sus siniestras alas negras. El hombre hizo un gesto y no se midió en reclamar.

 –Tu vileza… insulta al bosque… no lo provoques… humano.
 -¡Pero qué voz tan dulce tienes, querida! De acuerdo, es prudente seguir sus reglas en su juego. No sabía que tuvieran un lado tan sensible, sabiendo las atrocidades que han cometido, casi a la par de mi familia,aunque mucho mejor…
 -Hablas con veneno por saliva, mortal. El silencio genera una armonía pura con la naturaleza….– Murmuró Errem Strain, mientras se detenía mirando al claro del bosque. Un par de agentes de la Asamblea habían notado la presencia del hombre y se acercaron rápidamente. Errem se desvaneció rápidamente en el aire.
-¿Quién anda ahí? ¡Identifíquese!
 -¡Vaya, pero qué bajo ha caído la hospitalidad de la Asamblea! Desafortunadamente no deberían haberme visto. Ahora tendré que deshacerme de ustedes.– Empuñó su viejo revolver y apunto a la cabeza de uno, pero antes que pudiera apretar en gatillo Errem Strain reapareció frente al hombre y extendió los brazos provocando un ligero temblor en la tierra, disparando raíces desde abajo como látigos que atraparon a uno de los agentes y lo jalaron bajo tierra donde se escuchó tronar cada uno de sus huesos. El otro agente, aterrado, corrió de regreso buscando ayuda, pero fue interceptado por Leila quien primero se le abalanzó golpeándolo con sus piernas desnudas, al derribarlo, ella dio un salto y cayó sobre su pecho clavando sus filosas plumas hasta el fondo, atestándole brutales golpes y cuchilladas con sus alas varias veces hasta que el hombre dejó de gritar.
 -¡Maravilloso!… No cabe duda que sus habilidades están a la par de su leyenda, no me sorprende que cientos de cazadores y magos estén detrás de ustedes, sin duda sus favores serian de gran utilidad, empleados adecuadamente en el noble arte de la guerra.
 -Guarda tu ponzoña… saco de carne… haces mucho ruido… cumple tu parte… del contrato.- Exclamó Leila mientras se levantaba del charco de sangre, entonces regresó a los árboles. Las raíces de Errem tomaron lo que quedaba del hombre y lo enterraron lentamente para ocultar la evidencia.
Entiendo, no se preocupen por eso. Ustedes hagan su trabajo, yo haré el mio. Aunque debo decir que me hubiera gustado que me acercaran un poco más, estamos del otro lado del maldito pueblo ¡Con un demonio!.
 -“La tierra provee el pulso necesario para sacrificar al ciervo, pues el ciervo nace de la tierra, y es la tierra quien lo devora. El dolor de existir no se compara con las miserias de vivir por siempre, pues la recompensa vuelve obsoleta a la vida misma, porque no hay ganancia sin favores.”
 -Sí… cómo sea… (Sabía que debí traer más dinero).- El hombre avanzó con su mochila al hombre, caminando pacíficamente mientras Errem daba media vuelta regresando al bosque, luego de un rato aún sentía la mirada de Leila que lo vigilaba. “¿Cuántos habrán llegado ya? Él es el tercero… probablemente ya haya cuatro aquí. Me pregunto si la Otra ya se haya manifestado.” Pensaba el hombre mientras llegaba al área de las cosechas y los molinos.

*

 Christine yacía bajo un manzano mientras las nubes caminaban lentamente por el cielo. En sus manos sostenía una daga enredada en una tela bermeja con filos dorados, tenía una inscripción desconocida que le daba la impresión de ser algo muy antiguo. A lo lejos se escuchaba el cauce de un río y el viento chocaba contra las ramas del otero que le daba sombra. Temblorosamente se incorporó, aun con la daga en sus manos y caminó cuesta abajo hasta llegar al río donde se topó con un sombrero de paja que estaba tirado al borde del río, era viejo y parecía haber sido abandonado hace tiempo, insectos anidaban en su interior. Un sentimiento de nostalgia la invadió y las lágrimas que brotaron de sus ojos comenzaron a desbordar el río y en el viento se había detenido. La daga se le escapó de sus manos y cayó al agua. Una voz cálida y a la vez fuerte se escuchó desde adentro. “En tus entrañas sentirás el dolor de los seis caminos, y tras descubrir el séptimo paso despertarás el destino oculto dentro de tus palabras”.

Al abrir los ojos, Christine estaba sumergida en una tina de agua cálida mientras Nadia la miraba fijamente.
Encontré esto… hay un pensamiento adicional, uno apócrifo, un séptimo destino y solo yo puedo liberar su emblema.- La voz de Christine era frágil como la porcelana, su pequeño cuerpo blanco se desdoblaba descubriendo una daga entre sus brazos abrazada a su pecho. Nadia miró el objeto un momento, se levantó y le acercó una bata.
Acabas de expiar tu culpa. Ahora debes afrontar la responsabilidad de llevar contigo esa daga, pues es la llave para abrir los secretos que guarda esta casa. Levántate, vamos a prepararnos para el siguiente ritual.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en marzo 16, 2015.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: