Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

XLI. Clímax (ó Los primeros pensamientos antes de despertar.)

   Marcovick había recibido una notificación a muy tempranas horas de la madrugada: uno de sus agentes afirmaba haber encontrado la pista de Maija Shair, parece que se estaba refugiando en la iglesia norte. “No podría ser otro lugar” Pensó para sí mismo cuando se levantaba y calzaba sus botas. Hacía dos días, frente a su puerta se presentaron Lucius y Darla VanFleet acompañados de Stern; uno de Los Seis atacó la granja familiar y asedió a Darla en el granero. “Su nombre es Errem Strain, por lo que sabemos fue el segundo en llegar, leñadores y otras personas habían reportado su presencia desde hace un par de meses.” La primera en llegar había sido Leila, quien aparentemente había sido la responsable de todas las matanzas que sucedieron a mediados de Enero, ahora tres meses después se le había vuelto a ver por las noches rondando el pueblo, los Hammers confirmaron su presencia dos noches atrás. “Estamos muy cerca” Pensaba Marcovick mientras corría por un callejón con su revólver enfundado “Demasiado cerca, y me preocupa“.

   Stern se había adelantado a la iglesia, estacionándose frente a la entrada para dar un vistazo previo en lo que llegaban Marcovick y sus hombres. No tardaría mucho tiempo hasta que el hombre llegara al sitio, no parecía cansado después de haber corrido por el empedrado en la madrugada, su espíritu y vitalidad se veían reflejados en su increíble fortaleza. Después de reportarse y solicitar apoyo estratégico, formó a sus agentes y policías alrededor del recinto para vigilancia mientras que Marcovick y Stern, armados, entraban por el portón principal acompañados de otros tres agentes. Aún estaba oscuro y la poca luz nocturna que se colaba por los ventanales daba una atmósfera fría y tenebrosa. El polvo bailaba entre los haces de luz y pequeñas nubes marrón se expandían y contraían de vez en cuando sobre todo en las esquinas, confundiendo a los hombres. El lugar no era muy grande, solo una pequeña nave en forma de cruz de unos diez metros de largo con un par de habitaciones aledañas y otro puñado de oficinas al fondo. El ambiente casi barroco nublaba el pensamiento de los hombres, era la única iglesia católica en el pueblo y había quedado abandonada después de haber registrado varios fenómenos extraños unas semanas atrás. Mientras caminaban explorando el lugar se escucharon dos golpeteos en el fondo y uno de los agentes observó movimiento detrás de uno de los altares “Definitivamente hay algo aquí“. De pronto, Stern dio un paso atrás y con su candil iluminó al frente suyo: un rastro rojo se desplazaba por detrás del retablo, al seguir ese camino de sangre y detrás de una cruz gigante encontraron los restos de una persona, rodeada por latas y cobijas sucias. “Maldición, es Heinrich Poppe.” Pensó para sí mismo Marcovick mientras que el Capitán confirmaba su corazonada. El pobre hombre había sido degollado y acuchillado varias veces por todo el cuerpo, estaba desnudo y carecía de genitales “Fue la tajada en el cuello lo que lo mató” observando las demás heridas aparentemente hechas Postmortem. Como no había forense a vista calcularon que había sido hace unas pocas horas, tal vez cuando se dio el reporte. Stern subió la mirada luego de sentir movimiento del otro lado de la cruz, Marcovick se levantó apuntando con su arma, todos hicieron lo mismo.

-¡Pero qué grupo de hombres tan apuestos! Por favor trátenme bien, puedo con todos ustedes, cerditos.

-¡Detente ahí Yelena! ¿ó debo decir Maija Shair?

-¡Vaya! Es extraño, yo no los conozco y ustedes sí a mí ¿Ya soy tan famosa? … ¿Quieren esto? ¡Vengan por mí, queridos!– Gritó mirando al techo mientras se levantaba la falda moviéndose burlonamente, provocando a los hombres.

Guarda silencio, maleficio. Estás en desventaja y te tenemos rodeada. No intentes ninguna estupidez.

-Cerdos, ¿Acaso creen que una señorita enfrentaría sola a cinco hombres fornidos? Eres un pervertido...-  En eso Maija agitó su cola entre sus piernas y dejó ver un par de cuernos de carnero en sus sienes, se mojó los labios y comenzó a correr hacia la salida. seguida por Marcovick. El portón se cerró detrás de ella, sorprendiendo a Marcovick mientras algo lo golpeó fuertemente en el pecho derribándolo de espaldas. Uno de los agentes fue jalado por detrás hacia la pared y fue lanzado al otro extremo. Comenzaron los disparos. Stern ayudó a Marcovick a incorporarse mientras enfrente de ellos se materializó un rostro que emergía desde la puerta, una cara blanca y larga, casi sin facciones con una expresión siniestra. La iglesia temblaba y uno a uno los hombres fueron cayendo, uno fue lanzado al techo para luego caer rompiéndose el cuello mientras que el otro fue embestido por una nube de polvo y lanzado bajo el altar, golpeándose la cara con la cruz que le cayera encima unos segundos después. Tres hombres muertos en menos de cinco minutos. Stern y Marcovick corrieron hacia la ventana que había roto Poppe y lograron escabullirse afuera mientras escuchaban a lo lejos la risa psicótica de Maija; al levantar la mirada la vieron de pie frente a ellos y sobre una lápida apuntó con su rifle al automóvil de Stern, haciéndolo estallar luego de dispararle al tanque se combustible.

-¡Vengan por mí, bolsas de carne! A menos que tengan problemas para “levantarse”. No se preocupen, he estado con viejos más decrépitos que ustedes, y también he podido con todos. Síganme si pueden ¡Cerdos, cerditos, cerditos pequeños al matadero!– Los agentes y policías comenzaron a dispararle mientras ella retribuía disparando al azar casi bailando y escondiéndose detrás de las tumbas. La escena dantesca de una jovencita jugando a la muerte con hombres experimentados en combate mientras su preciado automóvil se incendiaba parecía estar ocurriendo lentamente en la cabeza de Stern. “¡Vayámonos de aquí!” Los hombres caían mientras la despiadada asesina era perseguida por los callejones que rodeaban la calle. “Todos están muertos, capitán”. Siete oficiales y tres agentes yacían en la calle y en el cementario mientras otros dos hombres aún perseguían a la agresora por los los oscuros recovecos del pueblo. Se escuchaban disparos a lo lejos, al cabo de unos minutos todo era silencioso. Stern se incorporó mientras miraba su amado automóvil en llamas, Marcovick, ya de pie miraba a la iglesia consternado, hizo un movimiento y se dio cuenta que en la cornisa del campanario había de pie una figura escuálida que extendía sus alas intimidándolo. “Es Leila” Pensó mientras recibía la indirecta de alejarse del lugar, miró de nuevo a la iglesia, descifrando en las penumbras un cuerpo extraño y absurdamente alto que se asomaba por el ventanal roto, mirándolo fijamente a los ojos “Eso es demasiado”, tomó al capitán del brazo y se alejó cojeando mientras amanecía. Ya en el cuartel envió una alerta por radio a los Hammers: “Cuatro se han revelado, ojos atentos, faltan dos“.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en septiembre 29, 2014.

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