Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

XXXIX. Cuatro monedas de oro frente al bosque.

    Por disposición oficial se había declarado Ley Marcial en el pueblo, Stern seguía las órdenes de Marcovick anunciando públicamente un Toque de Queda a partir de las 8:00 PM, el primero desde que se tenía memoria. Aún en tiempos de guerra, no se había logrado tanto nivel de inseguridad y miedo entre las personas y aunque todo parecía estar tranquilo, la Oficina de Control de Migración no se daba abasto por las peticiones de familias que querían abandonar el pueblo. Por su parte, La Asamblea había cerrado los accesos prohibiendo salidas y entradas, reforzando la vigilancia en los puntos de peaje y asignando Agentes de Seguridad en las afueras del pueblo para evitar que alguien escapara, durante los primeros días se había introducido una nueva ley que permitía identificar a todos los residentes, proporcionándoles una “Licencia de Vivienda” con la que podían identificarse así como ayudar a escudriñar una búsqueda más precisa de más infiltrados en el pueblo, y aunque no todos estaban cómodos con la decisión, el Acto de Registro Popular se estaba llevando a cabo exitosamente. La situación no era favorable, y conforme pasaba el tiempo, los rumores sobre la rendición de Alemania estaban en boca de todos, incluso había quienes afirmaban haber visto aviones americanos zurcar las montañas, pronosticando un futuro incierto y con tintes sensacionalistas que solo provocaban más histeria y paranoia entre todos. Cuando se dio conocimiento público de que había sido la misma Asamblea quien había dictado las acciones de Marcovick, se presentó a su División de Agentes de Protección Especial, quienes actuarían únicamente bajo las órdenes del Superintendente.

   La Colina de los Vientos había sido asignada una escuadra especial impuesta personalmente por Marcovick para cuidar la casa; se trataba de un equipo legendario conocido como los “Hammers”, valientes soldados provenientes de diferentes países para servir los propósitos particulares de la Asamblea. Marcovick confiaba en ellos a tal grado de haberlos ocupado como guardaespaldas personales en distintas misiones así que su relación con ellos era lo suficientemente íntima como para haberles asignado un punto estratégico tan importante. Ellos eran Inka Heinemann, Arabella Bhatnagar-Singh, Erika Vriess y Shiratsu Asama, habían estado juntos desde hace quince años, habiendo atravesado por importantes misiones alrededor del mundo eran los mejores en la materia. Sabían que era una misión importante, tal vez la más delicada que habían tenido y estaban tensos. Por las órdenes que escucharon de Marcovick, la mansión Engelberg almacenaba algo de gran valor en su interior y que la ciudad estaba siendo asediada nada menos que por Los Seis, de los cuales habían sido propiamente identificados dos de ellos aunque había indicios de que otros dos más estuvieran involucrados. Los Hammers sabían que la leyenda Los Seis estaba solo a la altura de su peligrosidad, y si estaban implicados en el caso no iba a resultar ser un trabajo sencillo; en todo momento permanecían alertas, aunque procuraban no acercarse demasiado a la casa ya que habían notado un cierto malestar físico que nadie sabía explicar, y aunque no se alejaban mucho como para perder de vista la casa, preferían guardar su distancia.

*

   Esa noche, Darla había olvidado cerrar el granero, era tarde y aunque sabía que no podía salir ni siquiera dentro de su propiedad, el granero descansaba a unos veinte metros de la granja, así que se sintió confiada de salir unos momentos, tomó su saco, un candil y salió al intemperie mientras Lucius dormía. ¿20 metros? Parecía más un kilómetro y una extraña sensación le cogió por la espalda, temblando instantáneamente haciendo que encogiera su cuerpo. En la impenetrable oscuridad y el siseo del viento notó una extraña presencia que se apreciaba a lo lejos, a su izquierda frente a los árboles. Esa figura estaba de pie mirándola, parecía un hombre arrastrando algo en una posición muy extraña, se le quedó viendo unos momentos y se detuvo en seco, quedando exactamente a la mitad del camino entre la granja y el granero. Ella levantí el candil para intentar alumbrar en la dirección del extraño y notó un movimiento rápido, eso se agachó y comenzó a correr erráticamente hacia ella, moviéndose como un espantapájaros en el viento, agitando sus largas y escuálidas extremidades. Darla corrió todo lo que pudo mientras gritaba. Entró al granero y azotó la puerta cerrándola por dentro y apagó el candil. Lo que sea que estaba del otro lado golpeaba la puerta y la empujaba frenéticamente, hasta que a lo lejos se escucharon unos perros que venían delante de algunos agentes. El intruso retrocedió, dejó caer algo y se desplazó hacia el sur con los perros detrás de él hasta que desaparecieron en la espesura del bosque. Un par de agentes se quedaron atrás después de escuchar el llanto de Darla, notando que frente a la puerta había cuatro monedas de oro, así que pensaron que era un bandido que había intentado atacar a la joven, sin embargo Darla sabía que eso difícilmente podría ser identificado como un ser humano. Durante varias noches siguieron apareciendo monedas cerca de la granja VanFleet, pero después de muchas búsquedas nunca encontraron al responsable.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en septiembre 16, 2014.

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