Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

XXXVI. El extraño caso de la autocontemplación a través de los ojos de alguien más.

   Christine abrió los ojos con una pesadumbre equivalente a todas las horas de sueño involuntario que tuvo desde la noche anterior; estaba recostada sobre un diván extrañamente cómodo, con la cabeza puesta sobre un cojín tubular que la sostenía perfectamente mientras sus párpados intentaban acostumbrarse a ser usados de nuevo. No había mucha luz pero la poca que había era tan atrayente como para dirigir su borrosa mirada en esa dirección, sin embargo antes de poder identificar la fuente luminosa notó que frente a ella estaba sentada una figura inusualmente familiar; esa persona estaba sentada de una forma elegante y totalmente inmóvil, sí, era una persona muy delgada, con la espalda asombrosamente recta y la frente en alto pero con la mirada puesta sobre Christine, sus manos descansaban una sobre otra encima de su pierna izquierda. Detrás de ella se podía apreciar un viejo candelabro que, por la perspectiva simulaba que fuesen un par de alas de metal que se extendían detrás de sus hombros, sus rodillas estaban juntas al igual que sus tobillos con una ligera inclinación a la derecha, presentando toda su figura como una composición en espiral perfectamente proporcionada, como si fuese una pintura al óleo en un retrato aristócrata del siglo pasado. Al lograr reconocer en su totalidad a la persona que tenía enfrente, Christine trató de incorporarse pero se encontraba tan débil que en el primer intento le fue imposible, derribándose sobre su codo derecho y enterrándolo en sus costillas dejando escapar un gemido grave y corto, al segundo intento logró sentarse pero en una forma muy peculiar, con las piernas totalmente abiertas y la espalda curveada, dejando claro el contraste absoluto con relación a la otra persona. Sus pálidas piernas amarillentas brillaban al compás de su desfachatez inocente y despreocupada, la falda se le había arriscado hasta la mitad de sus muslos aunque sus calcetas sigueran atoradas por debajo de sus rodillas; tal espectáculo no produjo ningún malestar a Nadia, a pesar de su incorruptible postura y hermetismo, comprendía perfectamente que Christine seguía siendo una niña después de todo, y como una niña necesitaba protección, lo cual, precisamente es lo que preocupaba. Nadia siempre se había especializado en cuidarse a sí misma, nunca alguien había dependido de ella y por ende jamás le había ayudado a nadie, todo esto le era nuevo y genuinamente le llenaba de terror. Mientras una miraba a la otra, el ambiente comenzaba a atenuarse, la casa carecía totalmente de electricidad, y puesto a que todo se iluminaba por medio de velas el claroscuro que caracterizaba la morada era espeluznante. Afortunadamente la mañana comenzaba a asomarse en el horizonte y lentamente el uso de las velas iba perdiendo importancua hasta que los primeros rayos de luz cálida golpearon los ventanales que aún dormían detrás del diván, incluso con sus pesadas y gruesas cortinas los enclenques haces se las ingeniaban para colarse. Nadia finalmente hizo el primer movimiento, bajó sus manos a los lados del sillón y se impulsó hasta ponerse de pie, sin decir nada caminó hasta la ventana y tomó la cortina con sus delgados y largos dedos para deslizarla cuidadosamente dejando pasar todo el esplendor. La luz era violenta y provocó que cerrara sus ojos agachando la cabeza, enseguida se dio media vuelta y caminó de nuevo a la sala donde descansaban dos tazas de té, una vacía y la otra llena. Tomó la taza llena y la acercó a Christine, colocándola sobre la mesita que estaba entre las dos.

   -Te quedarás aquí un tiempo. A consideración del superintendente Marcovick, y bajo la supervisión del capitán Stern, se me ha concedido tu tutela temporal hasta nuevo aviso. Conoces las reglas de la casa, no subir al ático, no entrar al claustro y por ende, no entrar a mis aposentos. Tu habitación será la de huéspedes, tendrás tu propio baño y ropero, donde encontrarás algunas prendas ahí si necesitas. Espero que no tengas problemas en alimentarte con vegetales y té, porque es lo único que hay. Te recuerdo que es preferible que no salgas de noche, principalmente al jardín. Puedes usar la biblioteca, el cuarto de música y el Solarium pero no podrás salir al pueblo porque no es seguro. Por todo lo demás, te doy la bienvenida.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en agosto 19, 2014.

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