Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

XXXIV. El camino sobre tierra sagrada.

   Para el momento en que Nadia abrió la horrible cerradura de la reja, un extraño viento corrió desde el otro lado de la casa hacia afuera, como si algo quisiera escapar de ahí pero sin tener el valor suficiente como para poder cruzar el portal de pesada herrería que gemía por la edad mientras se movía apenas un metro hacia adentro. Entonces volvió a cerrar, y un segundo después abrió de nuevo. Lucius perdió el control de su propio peso y cayó con una rodilla en el suelo sin soltar a Christine de sus brazos, perjudicándose más la espalda además del extraño cansancio que le invadió hace unos momentos, no tuvo más remedio que aceptar orgullosamente la ayuda de Marcovick quien se ofreció para cargar a la muchacha, mientras el capitán se acomodaba el sombrero y saludaba cordialmente a Nadia, dando las buenas noches y actualizando el motivo de su visita, la cual, aparentemente ella ya había antelado, sin embargo no contemplaba más de dos personas.

-¿Quién es él?

-Nadia, este muchacho es Lucius VanFleet.– Contestó Marcovick mientras cruzaba la reja.

-…VanFleet ¿Es esto una broma de mal gusto, superintendente?

-¿Broma? Discúlpeme señorita, pero yo estoy aquí por Christine.– Lucius notablemente estaba molesto, y mientras se incorporaba su tono de voz fue elevándose, Stern la hizo una seña para que calmara su temperamento, mientras Nadia cerraba lentamente la reja.

-Solo esperaba a dos personas y ya entraron. Esperen afuera.– El capitán y Lucius se quedaron congelados mirando a Nadia. Marcovick intervino delicadamente, con un tono de voz inusualmente respetuoso, aún para él.

-Ellos dos vienen con nosotros Nadia, déjalos entrar.

-No tengo autorización para dejar entrar a estas personas.

-Yo lo autorizo.

-¿Asume la responsabilidad de dejarlos entrar?

-¡Sí Nadia!  (…) asumo la responsabilidad. Ahora abre la reja por favor.- Marcovick le sostuvo la mirada unos segundos hasta que no pudo hacer más y la desvió, Nadia siguió viéndolo un momento más, cerró los ojos, suspiró, giró mecánicamente y volvió a abrir la reja.

Adelante.

   El capitán agreadeció y dio el primer paso haciendo una reverencia al cruzar la reja mientras que Lucius, más molesto y confundido que nunca solo pensaba “¿Autorizar? ¿Responsabilizarse?” Sabía que Engelberg era excéntrica pero esto definitivamente le sacaba de sus casillas. De pronto sintió la pesada mirada de Nadia y reaccionó espabilándose, por primera vez notó el verdadero color de sus ojos y se sintió intimidado, eso, además de su tono de voz tan tenue y monótono solo hacía que le recorriera un escalofrío en la espalda mientras pasaba junto a ella. La reja se cerró detrás suyo con un crujido sordo como si fueran costillas quebrándose con un martillo. Cerró y abrió de nuevo, entonces volvió a cerrar con la pesada llave, se dio unos segundos para pensar y dio media vuelta, todos su movimientos parecían perfectamente estudiados, como si hubiese ensayado antes y por momentos hasta parecía llevar la cuenta de algo. Mientras caminaban (en silencio obviamente) Lucius notaba que el extraño viento se había detenido, ya no sentía esa sensación de que algo caminaba detrás de él, pero no estaba tranquilo, los malestares físicos aún estaban presentes, entonces se percató que el capitán también se encontraba alterado, casi caminando de manera automática. Al ir avanzando, Lucius se alcanzó a percatar que Nadia no pisaba las uniones del camino, evitando también grietas y secciones de pasto (seco) que en algún momento creció en las hendiduras. Había nevado hace dos noches pero la casa se veía normal, sin rastro alguno de nieve, era extraño porque ni el camino ni el ambiente eran particularmente cálidos. Los árboles daban miedo. Poco a poco se acercaban más al portón de la imponente casa, aún por fuera se apreciaba el titánico volúmen de la mansión pero de cerca era simplemente ridículo ya que no era más grande que la Universidad, salvo que esta ultima no producía ese efecto gótico de incertidumbre y vacío, lo cual solo provocaba que de manera inconsciente pareciera ser masiva. Cuando llegaron al portón, Nadia volvió a hacer el mismo ritual con las llaves y una vez más pidió autorización para dejar pasar a todos, crispando los nervios de Lucius quien prefirió pensar en su hermana.

-A partir de aquí seguirán mis indicaciones: no hablarán sin ser requerido, no deambularán por la casa sin permiso y no tocarán nada… ah sí, por su propia seguridad, procuren no decir sus nombres.- (“¡¿Qué rayos significaba eso?!) Lucius prefirió ahorrarse el coraje, esperando que todo terminara lo más rápido posible, incluso lamentándose de haber llegado tan lejos, si bien todo lo hacía por Christine, otro porcentaje de él lo había guiando empíricamente por curiosidad, pero no pudo contenerse: –¿Entonces cómo debemos llamarnos? ¿Muebles? Por algo tengo nombre…-

Guarda silencio. En estos momentos estás entrando en la casa Engelberg, donde es sabio acatar las indicaciones de Nadia. Ten más respeto.

-Esto es absurdo.

   El enorme portón se abrió pesadamente. Nadia cruzó primero seguida por Marcovick, después el capitán y al final Lucius, quien primero volteó a sus espaldas: a lo lejos pareciera que había alguien de pie frente a la reja principal pero estaba tan lejos como para cerciorarse mejor. Recibió una indicación de Stern para que pasara y avanzó un poco, se detuvo en el último peldaño y volvió la mirada hacia atrás pero no había nada, entonces entró rápidamente.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en julio 26, 2014.

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