Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

XXXII. El lugar más seguro de todos.

   Cuando Marcovick atravesó la puerta, el silencio invadió todo el cuartel, sabían que en cuanto aparecía el Superintendente las cosas iban a ponerse serias e indudablemente difíciles, así que de manera instantánea se incrementó la presión entre los oficiales. Preguntó por el Capitán y al darle razones se dirigió a su oficina. Dentro el ambiente era aún más pesado, Stern hablaba con un oficial casi a gritos, en un rincón Lucius abrazaba a Christine quien estaba llorando, el teléfono sonaba y Abigail recogía trastes sucios, todo era un caos. Marcovick se aclaró la garganta para hacerse notar y de pronto todo quedó en silencio, incluso el teléfono ya no sonaba, el capitán se puso de pie y el oficial hizo un saludo respetuoso; por su parte, Lucius levantó la mirada y Christine guardó silencio por unos momentos (ellos jamás habían visto a Marcovick en persona, lo ubicaban por todo lo que se decía de él y por ende tenían claro que se trataba de una persona muy importante. De pronto Lucius recordó haberle visto en el retrato grupal que les mostró Meier, quien les comentó que en efecto Marcovick trabajaba para la Asamblea… después de todo ¿Qué rayos significaba eso?). El otro oficial dejó la oficina por órdenes de Stern, quien se dispuso a presentar formalmente a todos, la charola de Abigail temblaba haciendo un ruido bastante curioso. Después de la ceremonia y el protocolo el capitán se dispuso a por lo menos tratar de explicar todo lo que estaba sucediendo, Marcovick no parecía estar sorprendido, no obstante demostraba estar sumamente interesado en develar la identidad de la asesina, así que le pidió a Stern que le mostrara el registro de inmigración, donde eventualmente aparecían todas las personas que entraban o salían del pueblo, minuciosamente leyó nombre por nombre en el enlistado.

-…dices que su nombre es Yelena Balanescu ¿cierto? … Pues no la encuentro aquí. ¿Cuándo se supone que llegó?

-Me dijo que había llegado en la última entrada, hace tres meses, creo. Que había llegado junto con una familia polaca y otra de Checoslovaquia, ella venía de Rumania, o al menos eso me dijo.

-Las dos familias están registradas efectivamente, con fecha y documentos. Sin embargo, no hay ningún registro de Yelena entrando al pueblo ¿Cómo se infiltró siquiera a la escuela? Podría haber falsificado algunos documentos pero es poco probable. No habíamos tenido un caso de infiltración desde...- Marcovick lanzó una mirada inquisidora a Abigail que lentamente avanzaba a la salida, al sentir la mirada del hombre se paralizó e hizo una reverencia.- Todavía no me puedo explicar cómo fue que entraste aquí jovencita, la seguridad del pueblo corre a cargo de agentes de protección impuestos por la Asamblea, no es fácil burlarlos, es como si ya supieras por dónde entrar o salir. Sin embargo tú no has tenido más pecado que padecer hambre, en cambio esta Yelena me preocupa. Sus acciones y conducta no son aceptables ni en tiempos de guerra… ¿Aproximadamente 50 estudiantes fueron asesinados? Debió haber más testigos ¿no capitán?

-Sí, bastantes pero huyeron en cuanto pudieron, sin embargo, logramos rescatar una sobreviviente que apenas pudimos ayudar, se encuentra muy grave, internada en la clínica Este.

-Ya veo, en cuanto mejore quisiera hablar con ella. Aunque hay algo que me causa curiosidad: ¿Qué haces aquí Lucius? De Christine lo entiendo, dada su relación con la sospechosa pero ¿Que asunto tienes aquí? Por lo que veo ustedes dos son bastante cercanos… interesante.

-Christine me mandó llamar. Sí señor, somos amigos cercanos.

-Bien. ¿No le parece curioso tener a estos tres juntos en su despacho Capitán? ¿Por cierto, qué hay de los tutores de Christine? ¿Están ya enterados de la situación?

-No lo sé. Hemos estado tratando de comunicarnos con ellos desde medio día pero no hay noticias. Antes de que llegara usted, dí órdenes específicas de ir a investigar personalmente. No deben de tardar.- Marcovick asintió con la cabeza y todos se sumergieron en un silencio incómodo que se combatía con las miradas. Abigail abrió la puerta y avanzó lentamente, mientras que Lucius tomó una bocanada de aire y encaró directamente a Marcovick. Abigail se detuvo en el arco de la puerta escuchando.

-Señor, disculpe la indiscreción, pero ¿Qué es eso de la Asamblea? He escuchado el término varias ocasiones pero nadie me ha dicho qué es o quiénes son.- De nuevo se hizo un silencio en la habitación, el capitán miraba sorprendido a Lucius alternando su mirada con Marcovick.

La Asamblea es un organismo que se encarga del orden, seguridad y administración en el pueblo. No hay más que explicar. Entiendo tu curiosidad, pero debes tener confianza en nosotros.– Lucius sabía que no le estaba diciendo la verdad, era una respuesta genérica, pero de momento no pudo contestar por pensar en lo que dijo: “¿Nosotros?” Eso definitivamente confirmaba a Marcovick como miembro de la Asamblea y era natural pensar que ese hombre sabía más de lo que aparentaba, podría ocultarle cosas incluso al capitán. Lucius se sumergió en un mar de pensamientos y conspiraciones, sin embargo su clímax fue interrumpido por una llamada telefónica que aflojó la tensión de manera oportuna. El Capitán contestó apresuradamente, eran los oficiales que envió a investigar la casa de los Schneider: estaban muertos. El fuego interno de Stern volvía a encender, y cuando dijo la noticia en voz alta atacó a todos con una sorpresa que como daga penetró directamente en el pecho de Christine, provocándose un desmayo cayendo en el regazo de Lucius.

-Es peor de lo que pensé… Capitán, esto está saliéndose de control. Debemos intervenir.

-¿A qué se refiere?

-En estos momentos ningún lugar en el pueblo es seguro para Christine, y solo se me ocurre un lugar donde podamos llevarla. Prepare su automóvil, son las 8:50, cierre y aclare todo lo que tenga pendiente, salimos en diez minutos.

   Cuando Stern llegó a su coche, abrió la puerta trasera para dejar pasar a Lucius quien llevaba a Christine en sus brazos, delicadamente la colocó en el asiento y se acomodó junto a ella sosteniéndola con un brazo atravesado. Marcovick se acomodó en el lugar del copiloto y dio órdenes de partir.

-¿Y bien? ¿A dónde vamos?

-Al Oeste capitán, vamos a la Colina de los Vientos. En este momento, la Casa Engelberg es el lugar más seguro que hay.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en julio 18, 2014.

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