Mein Engel über den Himmel ~ III. “El Umbral”. (cont.)

XXV. Los colores disfrazados de lluvia.

   Christine había ocupado su lugar de siempre bajo aquel árbol frondoso al que no le molestaba cobijar a los jóvenes alumnos con su manto de sombra; era viejo y sabio, había estado ahí incluso antes de que la Universidad se fundara y todos lo sabían, él mismo sabía sentirse apreciado aunque a veces treparan dolorosamente sus ramas o encendieran un molesto cigarrillo junto a él, pero Christine era diferente; para el árbol todas las personas emitían un color particular cada quien, algunos eran tonos de amarillo, otros rojos, otros azules, sin embargo Christine no presentaba un color fijo, siempre era cambiante y el árbol se había dado cuenta que su color variaba de acuerdo a su estado de ánimo así que nunca era el mismo, nadie más tenía esa curiosa cualidad, incluso ahora presentaba un inusual magenta con tonos turquesa. Durante las últimas cinco tardes se había sentado a leer y dormitar en ocasiones, a veces se le notaba sumergida en algún tipo de pensamiento reflexivo y suspiraba, sin embargo hoy sucedió algo curioso: alguien se acercó a ella mientras el viento cargaba con las nubes, era una persona extraña con olor extraño, el árbol se confundía porque no podía identificar el color de esa persona, sentía su presencia más no era capaz de oler su color y eso sin duda le molestaba.

-¿Qué estás leyendo?- Dijo la persona mientras se agachaba obstruyendo el paso de luz, Christine bajó el libro molesta y le explicó brevemente el contenido de su lectura así como su autor. La otra persona se dejó caer a su lado dándole la espalda al árbol. Christine, quien aún no se había tomado la molestia de fijarse quién era continuó leyendo mientras contestaba preguntas aparentemente aleatorias que se lanzaban al aire, todo sin quitar la vista de su lectura. Cuando por fin cedió a su curiosidad notó que la persona a su lado era Yelena Balanescu, la estudiante nueva que había sido transferida hace apenas unas tres semanas desde Rumania, había tenido muy buen recibimiento por parte de la comunidad principalmente por su físico; era una muchacha no muy alta y delgada, con una figura envidiable para su edad, cabello largo y oscuro con mucho volumen, su piel trigueña resaltaba por su evidente suavidad, ojos verdes con un gran destello naranja en sus bordes, labios gruesos y nariz afilada. Christine comprendía por qué había gozado de tanta popularidad en la comuna estudiantil, su aspecto exótico además de su innegable belleza era producto de una gran admiración, sin embargo su principal encanto era su extrovertida personalidad, nadie sabía lo que estaba pensando y por lo mismo nadie esperaba qué reacción podía tener en cualquier momento, desinhibida y completamente consciente de su propia sensualidad a la que no le interesaba reprimir, sus ropas coloridas a pesar de ser telas sueltas destacaban su silueta con mucha gracia aunque para el gusto de muchas personas, mostraba demasiado. Sí, era todo lo opuesto a ella, mientras Christine era recatada, amable y bien vestida, Yelena era sociable, irreverente y en ocasiones vulgar. Mientras que los demás estudiantes se cuestionaban por qué “Lena” se habría acercado a “esa chica”, el  interés personal de las dos fue creciendo desmesuradamente, a tal grado de no percatarse que la lluvia había comenzado a hacer acto de presencia inesperadamente. Las dos muchachas se levantaron rápidamente y se recluyeron bajo el mismo árbol mientras todas las personas alrededor iban desapareciendo.

Parece que al final vamos a tener que movernos, no quiero que nos azote un relámpago.- Dijo burlonamente Yelena.

Por supuesto que no, mejor vamos adentro, el gimnasio está cerca, hay algunas toallas ahí para secarnos, espero que no se moje mucho mi libro.- Contestó nerviosamente Christine mientras apretaba el libro contra su pecho. Entonces las dos comenzaron a correr cuesta abajo hasta llegar al edificio, había otras personas refugiadas ahí así que entraron a buscar unas toallas, entonces esperaron unos momentos mientras se calmaba el torrente que había comenzado a caer.

Esto es una locura, Yelena, el cielo estaba despejado hace unos minutos ¿Cómo pudo suceder? …

Llámame “Lena”, todo mundo lo hace.- Christine se sorprendió por el voto de confianza y regresó una sonrisa amable confirmando la propuesta, sin embargo su gesto estalló  en impacto cuando se percató que Yelena se había quitado la blusa mojada y la exprimía sobre la piscina, instantáneamente se ruborizó al ver que ni siquiera se había molestado en usar sujetador. Yelena rió de forma pícara mientras Christine le daba la espalda después de mirarla. –Vamos niña, no tengo nada que no hayas visto (aún). ¿O es la primera vez que vez a otra mujer desnuda a parte de ti misma?

-Eso no es gracioso, ponte una toalla encima.

-Qué aburrida eres…

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en junio 9, 2014.

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