Mein Engel über den Himmel ~ III. “El Umbral”. (cont.)

XXI. Frío y pasteles.

  Cuando Lucius llegó a la panadería Christine ya estaba ahí, estaba sentada platicando con Darla sobre asuntos del negocio y su interés en aprender repostería (si bien, todo era para ganarse la confianza de la hermética hermana de Lucius, era en parte cierto, desde pequeña le había atraído bastante el uso de los hornos para hacer pan y demás delicias, por eso no perdió tiempo para precisamente matar tiempo en lo que llegaba él). Naturalmente, la sorpresa invadió a Lucius al ver a esa joven muchacha hablando plácidamente con su hermana y luego de saludarla eventualmente le cuestionó la razón de su visita. Christine comenzó a tartamudear, y entre líneas dejó saber que quería que él la acompañara a visitar a Jon Meier, Lucius retrocedió un paso dibujando una expresión confusa y asombrosa en su rostro. Darla notó la incomodidad de su hermano y decidió preguntar la razón por la cual ella quería que la acompañara a hablar con el viejo Meier, de quien lo último que se supo fue que había contraído reumas y le era ya casi imposible caminar. Lucius tardó en aceptar la encuesta, confirmando que la acompañaría luego de cerrar, extrañamente Darla se sumó a la encuesta (Jon Meier había sido maestro de los hermanos VanFleet antes de entrar a la universidad, lo conocían bien, por lo tanto estaban conscientes de su condición, Darla le había tomado mucho cariño desde entonces, así que no dudó ni un segundo en aprovechar y visitarlo también, además de escudriñar la insistencia de Christine con su hermano) tomando por sorpresa a los dos, en particular a Lucius, quien sabía perfectamente que Darla no era de andar saliendo de noche,especialmente teniendo en cuenta su supersticiosa personalidad. Con todas las locuras que corrían a voces en el pueblo, no era de asombrarse que la muchacha mostrara un genuino temor a estar fuera de casa en la noche. Finalmente Lucius y Christine no tuvieron más opción que aceptar la encuesta, y aunque en realidad no les molestaba era más la impresión. Al dar las nueve en punto de la noche llegó la hora del cierre, luego de realizar el corte del día y arreglar el resto los tres se dispusieron a salir a su encuentro inesperado con Jon Meier.

   –Escuché que el Departamento de Inmigración permitió la entrada a 10 personas al pueblo.- Lucius trataba de atenuar el incómodo silencio que cobijaba a los tres mientras caminaban en la avenida principal. Él caminaba por debajo de la acera mientras que de su brazo iba Darla, y Christine hasta el extremo caminando apretadamente junto a la pared.

Sí, de hecho la semana pasada fue transferida una chica nueva a mi clase, no recuerdo su nombre pero es extranjera.- Contestó Christine con una voz cortada por el frío que helaba las calles. Darla permanecía callada, aferrada al brazo de su hermano con demasiada fuerza, Christine llevaba en sus manos un pastel pequeño que llevaba como tributo a Jon, para no llegar con las manos vacías. –Ya no soy la nueva, es triste, pero es muy curioso… apenas entró y ya es bastante popular, por su fisionomía exótica, me imagino, además tiene mucha personalidad. En cambio yo ¡ja! llevo ya un año ahí y con trabajo recibo algún tipo de atención.- El tono irónico de Christine alertó a Darla, obligándose a intervenir en la plática, resaltando que en el colegio, ella tampoco era muy popular (al contrario de Lucius) y que de hecho solía ser víctima de abusos por su condición enfermiza y consecuente pasividad. Mencionó una anécdota en particular cuando los bravucones del salón tomaron su bolso y lo escondieron en el jardín, ese día llovía y por estar buscando sus pertenencias Darla cogió un resfrío que la tuvo en cama varios días, cuando Lucius se enteró de quienes habían sido les hizo frente él solo, y aunque no pudo con todos, al menos sí impuso respeto suficiente como para que no se volvieran a meter con su hermana. Christine se lamentó no tener un hermano que la defendiera y cayó en cuenta que después del incidente, comenzó a ver a Lucius como un protector de confianza, probablemente por su naturaleza y modo de vida, después de todo él solo había estado cargando con la mayor parte de los deberes familiares y eso es algo que Christine admiraba, se sentía contenta de haber conocido a dos personas admirables.

La casa de Meier está a la vuelta de la esquina, justo al final de la calle antes de empezar los cultivos. Lo sé porque a veces lo veía caminar por los campos luego de clases, una vez lo seguí y entonces comprobé que esa era su casa.- En efecto, al llegar y llamar a la puerta, una voz débil se escuchó balbucear desde el otro lado, entonces una muchacha de aspecto oriental atendió. Después de anunciarse el viejo Jon Meier los recibió en la sala, inmediatamente reconociendo a los gemelos y llenándose de alegría al ver el regalo que traían. Christine por momentos había olvidado a qué iba ahí, pero después de organizar sus pensamientos tomó una bocanada de aire y soltó una pregunta al aire, que instantáneamente enmudeció a Meier:

-¿Es usted el tío de Nadia Engelberg?

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en mayo 21, 2014.

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