Mein Engel über den Himmel ~ III. “El Umbral”. (cont.)

XVIII. Obertura (Las últimas oraciones antes de dormir).

   El cielo relampagueaba con extraños destellos que armoniosamente atravesaban los pilares de la noche, esa oscuridad pesada, por momentos casi líquida que ondulaba al sonido de ominosas trompetas que rugían hasta alcanzar lo más profundo del alma. Las nubes desaparecían por momentos pero regresaban mientras el horrible llanto en el viento se sincronizaba con las ondas de luz se se encendían en lo más profundo del firmamento, casi tan negro como el vacío mismo y extrañamente despoblado de estrellas. El terror se apoderaba rápidamente de todo el pueblo, las personas se ocultaban en sus casas y cerraban las ventanas, otros corrían por la calle y se refugiaban bajo alguna cornisa pero nadie estaba a ajeno al horror que surcaba las calles en forma de mujer y en forma de ave simultáneamente, volando contra viento mientras gritaba tan horrible como lo había hecho desde aquella vez que bajó del cielo para dejar un cadáver. El cielo lo reiteraba, el viento lo repetía, ella lo divulgaba; era la tercera noche que se le veía volar sobre las casas, pero esta vez continuó particularmente la huida de dos personas que bajo el velo del miedo intentaban alejarse del terrible suceso, llegando eventualmente a un callejón donde se encontraron frente a frente con el espectro; Lucius cubrió a Christine con su cuerpo a modo de protección mientras el portento extendía sus extrañas alas y sonreía con una cara tan pálida como la luna ausente en el cielo, sus ojos púrpura brillaban como faros que violaban las sombras alrededor de los dos aterrados. Habló algo en un idioma desconocido y regresó al cielo en vertical mientras continuaba el nefasto espectáculo de luces nauseabundas y sonidos desoladores, como un canto que se levantaba lentamente para cubrir todo el pueblo, solo para proyectar en el ambiente una voz tenue que Christine podía reconocer; regresaron corriendo a la avenida mientras una nevada reluciente comenzaba a caer suavemente, al caminar unos pasos se percataron que una persona estaba de pie en medio de la calle con las manos juntas palma a palma erguidas al cielo, cuando Lucius se acercó tomando a Christine del brazo ésta lanzó un sollozo al descubrir que la persona frente a ellos era Nadia Engelberg, y la voz escuchada pertenecía a ella, y su voz hablaba lentamente mientras miraba a los dos:

    “Tres ya están aquí, tres vendrán y su número será seis. Cuando lleguen la Serpiente devorará el sueño y el mundo se dividirá cerrando todas las ventanas.”

   Una ventisca comenzó a azotar furiosamente cortando el trance en el que se habían sumergido Lucius y Christine, revelando que la persona que hablaba se había desvanecido, quedando solamente un hueco en el aire que la nieve no tocaba, al cabo de unos segundos terminaría de desaparecer. Los destellos en el cielo se habían detenido, las trompetas ya no soplaban, el viento ya no maldecía y las dos personas en medio de la avenida temblaban de terror y asombro mientras veían a la extraña ave observando desde el campanario.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en abril 5, 2014.

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