Mein Engel über den Himmel ~ III. “El Umbral”.

XV. Un sueño que precede a los recuerdos.

   La mañana se pintaba con dorados brillantes y uniformes, como si fueran pinceladas hechas por la luz que atravesaba silenciosamente las copas de los árboles, se desplazaba entre las ramas con un ritmo tan coordinado que ni siquiera el viento podía igualar su canon, colándose cuidadosamente hasta acariciar la superficie de la nieve gélida que descansaba a los costados del camino. Era muy claro que toda la región funcionaba por medio de una mente colmena, un único sentimiento que abordaba todas las personalidades de manera independiente, siempre siguiendo el mismo ritmo que usaba la nieve para caer sobre sus moradas. Todas las mañanas se dibujaba un sentimiento de incomodidad y ansiedad de manera colectiva que nadie en realidad tenía por seguro de qué forma iba a terminar todo, algunos pensaban incluso que jamás terminaría. Los gatos del clan de la colina habían desaparecido, dejando solamente sus muertos como un recuerdo doloroso de una época dorada en la que morir no era una maldición, los árboles ya no cantaban y las polillas ignoraban deliberadamente las reglas de la casa. Ya no quedaba ningún rastro de esa era en la que todo lo que sucedía era dictado por el corazón de la casa, pero ahora todo estaba fuera de control. El orden perfecto que alguna vez se estableció había sido alterado una vez más; las aves ya no atravesaban el terreno y la nieve sentía pereza de caer sobre aquella horrible máquina que vigilaba desde lo alto la actividad patética y singular de un pueblo infectado por el miedo.

   De todos, el último en irse fue el tercer hijo mayor del Patriarca; que desde la partida de su padre había estado cuidando al clan e incluso retenía una breve y casi ingenua esperanza de que todo volviera a ser como antes. En el fondo sabía que su deseo no podría cumplirse y se lamentaba tener que ser el último en ver el declive de todo lo que en su momento fue nominado como orden, las reglas habían sido transgredidas desde la aparición de esa extraña ave hace un mes, desde entonces todo había sido diferente y ahora, su mayor miedo estaba siendo partícipe de una escena de la que jamás hubiese esperado ser testigo; la mujer con olor a libro, esa persona que estuviera viviendo en la casa desde hace ya tantos años y que siempre estaba sola había dejado entrar a otra persona. La regla primordial de la casa fue cancelada. Entonces él comprendió que todos los malos presagios se habían vuelto realidad. La Portadora se había tentado el corazón permitiendo que otro humano atravesara los bordes de Tierra Sacra y contaminara la casa con un nuevo aroma y una nueva firma de color (anteriormente la única firma era la de La Portadora, que tenía un color marrón con olor a canción vieja, pero este nuevo aroma era difícil de identificar y no venía acompañado de un color definido), la descarga de energía que expedía no era tan fuerte como la de la mujer-libro pero sí tenía una particularidad: era fluctuante. Ahora todo el sueño se estaba expandiendo, la casa iba lentamente perdiendo la razón y nadie querría imaginarse lo que sucederá cuando todo se desborde. El gato no comprendía lo que estaba pasando y el miedo que ahuyentó a todos sus parientes ahora se apoderaba de él, se levantó y caminó hasta el muro superior que descansaba detrás de los árboles más viejos de la región norte del jardín, respetuosamente se despidió  de ellos y cruzó la frontera al intemperie, jamás volvería a pisar aquel lugar que le vio nacer.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en marzo 18, 2014.

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