Mein Engel über den Himmel ~ II. “El Desprendimiento”. (Cont.)

XIII. La canción de las plegarias.

   Con la creciente ola de desapariciones misteriosas y asesinatos el pueblo llegaba a un estado concreto  de desesperación e inseguridad, les era imposible concebir que el responsable se tratara de alguien interno, tal vez conocido, incluso los jóvenes (que tendían a ser muy audaces y aguerridos) se mostraban reacios de salir después del atardecer. Quejas y reportes abarrotaban las oficinas de Seguridad Pública, documentos desquiciados sobre un extraño pájaro que atacaba a las personas por las noches, o sobre el viejo que asechaba en el bosque, nada tenía sentido; unos decían que se traba de agentes militares encubiertos, otros fantaseaban más y les brindaban de un toque sobrenatural pero nadie se ponía de acuerdo y todo se convertía en una sinfonía desquiciada que mantenía intranquilas a las personas, especialmente fomentando la histeria colectiva. ¿Qué tan real era? Se preguntaba Christine mientras escuchaba sin atención la clase, miraba por la ventana y divagaba su mente sobre esa extraña ave que mencionaban, todos hablaban de ella pero no había ningún testigo real.  Christine era muy solitaria principalmente porque había sido de las últimas personas en llegar al pueblo apenas hace un año; solo esperaba el momento en que pudiera regresar a Inglaterra y reencontrarse con su madre. La familia Silvermann tenía un origen en Alemania, pero desde hace ya muchos años tomaron la nacionalidad inglesa y a pesar de la postura política neutral del pueblo, no dejaba de ser una extraña, por lo mismo le era difícil socializar con los demás chicos. Físicamente era muy madura y saludable para su edad, cuando llegó al pueblo no pudo esconder su origen aristocrático y extranjero. Sus pequeños ojos azules reflejaban toda la luz disponible y siempre se le notaba un aire melancólico; vivía con una familia de apellido Schneider, quienes la habían recibido cuando fue transferida, dándole un hogar y sustento, eran personas amables y Christine confiaba en ellos. Una de las pocas cosas que realmente le gustaban de su nueva vida era caminar por los caminos frescos y empedrados de las afueras del pueblo, aunque estos últimos días había recibido indicaciones que dejara de hacerlo, así que ese día había tomado la decisión de caminar rumbo al norte, al lugar que se le conocía como La colina de los Vientos, nunca había ido allá y le causaba curiosidad, sobre todo porque todos decían que estaba encantado y pasaban cosas raras (por alguna razón todo se había vuelto extraño en el pueblo). Entre los rumores había escuchado sobre la casa que estaba hasta la cima y que solo era accesible por medio de un paso poco transitable; Christine era curiosa por naturaleza y bastante racional, no creía del todo lo que se decía y de alguna forma necesitaba comprobarlo, tomando el camino de la avenida principal del pueblo hasta llegar a las afueras donde comenzaba un camino de tierra apenas visible pero con marcas evidentes de neumáticos, continuó caminando mientras pensaba en la cena que le esperaría al llegar a casa.

   Una mujer de edad avanzada se había quedado después de la misa de la tarde, todos, incluso el sacerdote se habían ido ya. Cuando se percató de que había pasado más tiempo del que originalmente hubiera planeado no pudo evitar pensar en salir de la iglesia, sin embargo, algo llamó especialmente su atención, los candelabros se habían apagado repentinamente, invadiendo un frío incómodo que incluso dejaba escapar el vaho en su aliento. La mujer, consciente de lo que se decía en el pueblo entró sospechosamente en pánico y apresuró el paso, sin embargo antes de llegar al portón notó una presencia extraña que se movía a la par de ella, entre las estatuas de los santos y algunos recuadros, se detuvo para tratar de ver mejor que era eso y para su sorpresa notó confusamente que se trataba de una sombra que se movía alternadamente entre la luz de las velas que iba apagando a su paso, y frente a las vitrinas, se movía con un desliz lento y firme. Congelada del miedo la mujer alcanzó a escuchar un suspiro en la oscuridad, proveniente del otro lado de la nave mientras aquello seguía avanzando hasta que se perdió en una esquina cerca de la puerta, la mujer aprovechó para salir de la iglesia y apresuradamente avanzó hasta llegar a la puerta, y antes de cruzar se volvo a escuchar una respiración cortada, atravesó el portal hacia la calle y desde afuera volteó hacia la iglesia. En el arco de la puerta estaba parada una silueta enorme pero lo que más le impresionó fue ver ese horrible rostro blanco mirando desde el otro lado de la cerca, hasta desvanecerse en la oscuridad de la noche. La mujer empezó a correr gritando y pidiendo auxilio, todo el pueblo iba encendiendo las luces conforme la aterrorizada mujer iba avanzando por las calles.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en marzo 5, 2014.

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