Mein Engel über den Himmel ~ II. “El Desprendimiento”. (Cont.)

IX. Sobre el pueblo y sus habitantes.

   No había ninguna persona viva que estuviera completamente segura de qué año fue cuando se fundó originalmente el pueblo, lo único que sabían es que había sido erguido como un santuario para refugiados políticos y extranjeros alcanzando un voto de neutralidad sin aludir a ninguna postura social, lejos de los estandartes raciales así como carencia absoluta de segregación cultural. Para los foráneos, el pueblo era solo un rumor, habían escuchado hablar de él pero era muy difícil llegar ahí, pues nadie sabía con exactitud en dónde se encontraba. Incluso la Gestapo se daría por vencida años atrás tratando de encontrar ese lugar mítico. Lo único que se sabía es que estaba en algún punto entre Suiza y Austria; algunos decían que estaba cerca del Lago Constancia, otros afirmaban que estaba al pie de los Alpes pero nadie estaba seguro.

   Las personas eran muy unidas, con un instinto gregario altamente desarrollado, lo cual era símbolo de madurez social; todas las familias se conocían en un determinado grado y la persona afortunada que acababa de llegar pronto se le conocía también. Las calles eran estrechas y libres de contaminación, a pesar del frío que comúnmente cubría la región todo era demasiado cálido. La gente vivía enteramente de sus cosechas y ganado, que aunque era escaso tenía una importante demanda, especialmente por el clima tan severo que solía castigar los cultivos.

   Desde la pequeña biblioteca hasta los viejos graneros a las afueras, todo se encontraba conectado de alguna forma por un agente común: el sistema de vigilancia y orden comunitario, guiado por el carismático Capitán y su cuerpo de seguridad pública, su jurisdicción abarcaba todos los aspectos sociales y las noticias más importante por lo general eran externas, sin embargo las últimas noticias (y consecuentemente las más alarmantes) habían sido protagonizadas dentro del mismo pueblo: un extraño asesinato, avistamientos de extrañas aves en las afueras del pueblo, robo de granos, apariciones misteriosas, ruidos en la noche. El capitán Stern era lo suficientemente perspicaz como para no conectar cada uno de los casos y solo se limitaba a concebir un simple caso de histeria colectiva. Aunque ni él podía negar que la historia “oculta” del pueblo era mucho más turbia de lo que todos se imaginaban y que eventualmente todo se relacionaba de alguna forma con la extraña casa en la colina: la mansión familiar de los Engelberg.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en febrero 4, 2014.

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