Mein Engel über den Himmel ~ II. “El Desprendimiento”. (Cont.)

VIII. El dolor que cubre al dolor.

   Abigail Rosenthal había estado vagando por la intemperie desde hace ya un año, luego de haber escapado de Kaufering donde perdiera a su familia. Su solitaria suerte apenas le alcanzaba para sobrevivir y no había probado bocado desde hace días. La vida había pasado de ser un tormentoso infierno a un ser tormentoso invierno donde nadie más le daría el calor necesario para sentirse finalmente en un hogar, si es que aún recordaba lo que significaba esa palabra. La única fuerza que lograba encontrar para seguir adelante era una voz en su interior que le gritaba que no dejara de pensar en la vida, en su vida, en sus vidas; esa voz que resonaba dentro de su cabeza había aparecido poco antes de ser capturada en Dachau. A veces le gustaba pensar que era Dios hablándole, tenía por lo menos una ligera esperanza de que mandara una señal desde el cielo para decirle que todo estaría bien, aunque dentro de sí misma sabía que eso no podría suceder y de alguna forma sabía también que su destino todavía no estaba definido. Entonces continuaba caminando.

   La nieve calaba sus pequeños huesos a pesar de que llevaba encima un grueso abrigo que logró rescatar de una ciudad saqueada hace un par de meses, pero no era suficiente y el invierno arremetía con toda su furia hasta que llegaban momentos en que le hiciera perder el equilibrio y caía fatigada. No lograba entender cómo es que su mundo se había reducido a un abrigo viejo, un pedazo de tela gruesa que portaba una estrella amarilla, había muchas cosas que no comprendía después de todo. Lo único que sabía es que tenía que ir al sur, su voz interna le prohibía rendirse y por alguna razón (que tampoco lograba comprender) le motivaba a seguir adelante, tenía que hacer algo, un destino, una tarea, una labor o simplemente un acto suicida, pero no podía quedarse hundida en la nieve y esperar a que el invierno la arropara con un abrigo frío y solitario. Al levantarse se dio cuenta que había llegado a una zona alta en la que pendía un valle casi oculto, un pueblo tal vez, alimento posiblemente, un poco de calor esperaba. Mientras avanzaba, su endeble esperanza mutaba en cambios radicales de emociones que la llegaban a asustar, no fue sino hasta que tropezó con algo que aparentemente tenía forma humana, se agachó a mirar más de cerca y se cercioró de que eventualmente era una persona, una mujer que había caído muerta en la nieve (probablemente víctima de la hipotermia) curiosamente se notaban algunas laceraciones graves en su piel, alguien se había dado un festín con su cadáver. Aunque no había nada que Abigail pudiera tomar ni hacer con ella, pensó una oración y continuó hasta encontrar lo que aparentemente era un camino, un eje que había sido transitado hace poco, y a pesar de que la debilidad se aferraba a sus cortas piernas su voluntad interior la empujaba a seguir adelante avanzando cuesta abajo hasta que el ruido de un automóvil se escuchó en la lejanía, y poco a poco iba acercándose. Temiendo un peligro Abigail se ocultó detrás de unos árboles mientras la pesada máquina pasaba de largo. Siguió avanzando hasta que finalmente llegó a las afueras del pueblo donde parecía no haber llegado la guerra, tenía en su mente la idea de que había encontrado un lugar perfecto; caminó unos minutos hasta ver un granero, se escabulló hacia adentro y en silencio dejó caer su pequeño cuerpo en un montículo de paja donde triunfantemente se dejó abrazar por el sueño. No despertaría hasta un día después.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en febrero 1, 2014.

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