Mein Engel über den Himmel ~ II. “El Desprendimiento”.

V. Canción Roja.

   Los gatos vagaban inquietos en el jardín preguntándose qué era eso que había caído del cielo hace unos momentos, las aves huyeron cobardemente alertando un posible peligro pero todo estaba silencioso, salvo el viento que corría entre los árboles golpeando las ventanas de la casa, un segundo golpe se escuchó por fuera. Algo se arrastraba, algo pesado y tal vez muy grande “¿Qué era?” Se preguntaban los gatos “¿Una persona, un animal o tal vez otra cosa?”  Un par de gatos se aventuraron a salir a investigar, ocultos entre la hierba alta del jardín podían observar a lo lejos, justo detrás de la reja que algo se movía; a pesar de que la noche era translúcida y  la luz de la luna resaltaba con la nieve era difícil contemplar con exactitud qué era, solo se podían ver unos grandes ojos que brillaban mientras lo demás se quedaba quieto, incluso el viento. Los gatos pensaron que tal vez sería la mujer que vivía en la casa pero no concordaba físicamente, más bien era algo más parecido a un búho (o por lo menos, eso les era más fácil de entender). Asustados, sus lomos se erizaron y advirtiéndole a la criatura que se fuera, amenazaron con ruidos y gruñidos pero no tenían éxito, y continuaron así hasta que aquello se incorporó y lanzó un chillido tan horrible y fuerte que es posible que hasta el pueblo se hubiera escuchado, un ruido tan penetrante que incluso los árboles y Nadia se despertaron. A lo lejos se escuchaban ladrar algunos perros, los gatos corrieron asustados mientras el intruso salía volando en vertical mientras seguía gritando; Nadia se acercó a su ventana pero no logró ver nada más allá del fuerte aleteo que circundaba la casa. Luego de unos minutos todo había quedado silencioso, aunque no tranquilo. Jamás se había escuchado un ruido como ese, ni siquiera dentro de la casa, era natural que fuera un hecho preocupante, así que Nadia tomó lo que pudo de ropa, un abrigo y salió al frío para averiguar lo que sea que haya ocurrido en el jardín. No encontró nada.

   A la mañana siguiente, Nadia volvió a salir al jardín tras escuchar mucho ruido afuera de la casa, ruido de personas ¿Personas? ¿Qué harían ahí? Era un bullicio ciertamente molesto para ella, especialmente porque había ya pasado mucho tiempo antes de que se molestara en hablar con personas. De hecho, era probable que ya no recordara cómo articular palabras y frases pero se sentía optimista. Las personas del pueblo no habían visto a Nadia en aproximadamente unos ¿Diez? ¿Quince años? Sabían que estaba ahí y que vivía sola, también sabían que hace tiempo era visitada por su tío, Jon Meier, quien le llevaba alimentos y demás bienes, aunque debido a su artritis dichas visitas fueron quedándose esporádicamente en el pasado así que no era de sorprenderse que no se encontrara presente ésa mañana. El viento alumbraba el caminar de Nadia y su cabellera rojiza ondeaba como estandarte que contrastada con lo blanco de la nieve a su alrededor, parecía como un incendio ominoso, un portento que cantaba con una sinfonía roja. Cuando Nadia llegó a la reja, saludó cortésmente a las personas congregadas y notó que estaban horrorizadas, algunos se fueron antes de que llegara; preocupada preguntó la razón por la cual se encontraban fuera de su casa pero la única respuesta que recibió fue un vistazo grotesco de algo que yacía fuera de su reja, algo que probablemente solía ser humano y que pintaba de rojo profundo un radio de 2 metros a la redonda, el terrible desangramiento no podía indicar ningún indicio de paz en la morada Engelberg. Eso lo comprendió claramente Nadia mientras veía cuando se acercaba un automóvil de la policía. Esa mañana fría se teñía de rojo, como una canción cíclica que volvía a enfocar los ojos del mundo sobre esa extraña casa en la colina, el sol se asomaba lastimosamente entre las nubes y el viento se había detenido.

~Katzenberg

~ por Katzenberg en enero 13, 2014.

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