Mein Engel über den Himmel ~ I. “Sueños lúcidos” (cont.)

IV. El incidente.

   Quien sea que fuera ese pobre hombre tendido al lado la carretera había perdido toda esperanza sobre sí mismo, el frío invernal castigaba severamente su respiración y el entumecimiento rojizo que pintaba su cuerpo lentamente le decía que el final se acercaba, y tal vez, era eso lo que quería, de no ser por su esposa, quien sostenía su mano sin decir nada, solo miraba aterrada el cuerpo lastimado de la persona que en algún momento fuera un hombre saludable y fuerte, le aterraba saber que ahora no era más que un jirón de humanidad, derribado y esperando dar su último aliento, un terrible respiro descorazonador que llenaría su alma con tristeza.

   Lo que se movía alrededor sabía que era el momento indicado para reclamar su premio, un anhelado trofeo en medio de la oscuridad gélida que acosaba a esas dos personas frente a ella, pero esperaba. La única luz que vivía era la de los faros del automóvil que descansaba angustioso mientras era golpeado por la ventisca, su luz débilmente lograba atravesar la pesada oscuridad que por momentos parecía casi sólida; la claustrofobia que sentía la mujer al estar al aire libre era tan desesperante que es probable que ni siquiera se hubiese dado cuenta que el hombre ya había muerto llevándose con él la única respuesta que ella necesitaba, pero seguía aferrándose de su mano como si fuera a perderse en la ruidosa soledad que la rodeaba. Un crujido se escuchó a lo lejos, después otro y otro, cada vez percibiéndose más cerca hasta que pareciera una armonía inteligente que circundaba el campo visible de la mujer, estaba siendo asechada provocando que instintivamente se levantara para intentar inútilmente de ver lo que caminaba a su alrededor. Aleteos, pasos, siseos, todo formaba una horrible sinfonía que abriría un estado absoluto de pánico en la mujer, se levantó dolorosamente y se apresuró a regresar a la carretera, caminando torpemente mientras sus pasos se hundían casi hasta tocar el suelo, pero mientras andaba se percató de que no había lugar a donde ir, entre la oscuridad y la nieve la carretera se había perdido de vista y ahora caminaba por un bosque desconocido, probablemente letal. La luz del automóvil se perdía a lo lejos cada vez más pero la mujer no dejaba de correr porque sabía que estaba siendo perseguida y que probablemente moría pronto ya sea por hipotermia o por aquello que corría detrás de ella desde hacía ya unos 20 minutos, probablemente un poco más; ya no pensaba en nada, no había nada qué pensar ¿Pensaría en el cuerpo destrozado de su esposo yaciendo sobre nieve roja? ¿Pensaba acaso en su hogar? ¿Qué podía pensar? La ventisca arremetía contra los árboles y la risa que se arrastraba en la oscuridad le decía que faltaba poco para que llegara el final, solo esperaba que sucediera rápido, no como con él. Rápido, era lo único que podría esperar mientras el invierno devoraba sus débiles impulsos por sobrevivir, en una hora tal vez ya no habría rastro de ella.

~Katzenberg.

~ por Katzenberg en enero 6, 2014.

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