El discurso sobre el Miedo – Introducción

Existe un motivo por el cual no se puede comprender en su totalidad aquello que incluso no deseamos realmente comprender. Es, acaso un universo reflejado en los ojos de aquellos que presienten su muerte espiritual, pero no se atreven a observar el camino adecuado para resaltar eso que quizas podría ayudarles. Ese transcurso extraño es el miedo. El miedo es lo que rige el destino de cualquier ser vivo. El miedo a la nada, el miedo a la soledad, el miedo a uno mísmo, el miedo a la muerte. Pero sin miedo, no pueden existir los espacios y por consiguiente no existiría el mundo. Los puntos de vista sobre el miedo son tan variados como un día en otoño donde se ven caer todas las hojas de los árboles lentamente: disperso y agorafóbicamente extenso.  La forma de interpretar el miedo es la forma que delimita el concepto; cristales de vasos hay muchos, pero el miedo es el mismo. Es como Dios, es como el hombre, pero el miedo es el miedo. Entonces ¿Qué es el miedo? El miedo es la emoción más antigua que pudo haber experimentado el ser humano. El miedo a verse a sí mismo reflejado en el agua, el miedo a ver la luna por primera vez, el miedo a ver a los dioses frente a frente, el miedo al salir del vientre de la madre, el miedo a la sexualidad, el miedo a la independencia. Pero el miedo es una droga, es un éter que nos excita mundanamente para querer sentir más y por consiguiente obtener más placer. Por supuesto, la avaricia es otra droga que está interconectada con el miedo: el horror vacui. El miedo es aquello que mueve a las masas a su ruina. El miedo es lo que influye el nombre de quien dirige a las masas. El miedo es esa incomodidad que nos puntualiza dentro de los términos normales de nuestra especie. El miedo, el terror, la cobardía, el silencio, el vacío nos guían hasta una puerta sin llave, que permanece cerrada, pero que extrañamente sabemos que es lo que hay del otro lado, aquello que sonríe junto con nosotros. Es el miedo a la soledad. Ése es el principio del discurso. El miedo al dolor, al vacio espiritual, a la destrucción después de la destrucción. El miedo al miedo mismo.

No existe cura para el miedo, el miedo no es una enfermedad, no es un periodo emocional, tampoco es un estado de ánimo; el miedo es el motor de la supervivencia, por lo tanto, es lo que ha movivo al mundo desde que tiene consciencia de sí mismo. El miedo es lo que impulsó a Dios a crear vida, para no estar solo y recordarle su existencia. El miedo es lo que nos motiva a todos a no mirar atrás, a escapar del dolor; a solucionarlo ignorándolo. Pero el miedo es contagioso, es una deformidad aparatosa dentro de la calma interna de cada quien. Es el teratógeno de la Tranquilidad que provoca un sindrome protéico que poco a poco va imperfeccionando la mente de la persona. El miedo ciega, el miedo cega. El miedo transforma a todo en la nada en cuestión de segundos. El miedo es el impulso natural del ser vivo para cuidar su integridad física y psícologica para satisfacer esa necesidad ética y biológica de supervivencia. Es una respuesta automática, un mecanismo de defensa, un motivo para resguardarse bajo las alas de algo superior. El hombre tiene miedo de estar solo en este mundo por no poderlo compartir, por que el hombre es el único ser vivo ajeno al mundo. Seres vivos somos muchos, pero el hombre esta triste, por que está solo. Y esa soledad es lo que alimenta su miedo, el miedo a la extinción, el miedo a desaparecer, sin importarle que demás desaparesca para satisfacer ese extraño deseo cancerígeno de supervivencia enfermiza a costa de lo que reside a su alrededor. El miedo mismo, es el miedo completo y sentido, es la fóbia que nos provoca cerrar los ojos, acurrucarnos bajo las sabanas para evitar contacto visual con el monstruo que vive bajo la cama, por que mamá impuso el miedo en el niño. Por lo tanto, el miedo es hereditario, tanto biológica como moralmente, esa modalidad tan inquieta de manifestar el miedo de generación en generación. El miedo es la horma de nuestro zapato que no nos permite caminar libremente sobre la facia del mundo, para escupirle en la cara demostrando el poderío de una raza que le aterra pensar que en algún momento desaparecerá. ¿Acaso Dios no nos hizo a su imagen y semejanza, para saber de que forma pudiera terminar su vida, observándonos a nosotros morir? De ser así, Dios es un niño temeroso que se refugia en su imaginación, para formar un pacto con sus pensamientos (nosotros) y de esa forma asegurar su eternidad.

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~ por Katzenberg en enero 15, 2010.

2 comentarios to “El discurso sobre el Miedo – Introducción”

  1. es tambien el miedo a no darse a conocer, no por esa tonteria de que dirán de mi, si no mas bien al contrario, por lo que nos pueda pasar y como nos van a tratar, el miedo no tiene cura pero el controlable…

  2. eso en definitiva, es como el origen de todas las emociones, pero el ser ignorado o no reconocido también juega un papel importante. Gracias por tu comentario, pronto continuaré con el discurso del miedo. Solo necesitaba un poco de atencion, je.

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