Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•noviembre 25, 2014 • Dejar un comentario

XLIII. El libro y el hexágono.

  Lucius llevaba sentado ya quince minutos antes de atreverse a preguntar algo, sus palabras se entrecortaban y no encontraba el modo adecuado de entrevistar al viejo Meier, quien de alguna manera ya se anticipaba lo que venía, y tal era su perspicacia que incluso se había tomado la libertad de buscar previamente algunos documentos que justificaran lo que sea que intentara explicar.

-¿Sabe? No me fue sencillo venir hasta aquí. Escabullirme en el Toque de Queda resultó ser más complicado de lo que esperaba, aunque debo decir que el principal obstáculo fue mi hermana; desde aquel incidente en el granero ya no ha sido la misma. No ha salido de la casa para nada y solo se la pasa rezando o leyendo la Biblia. Me preocupa demasiado, lo que dice que vio no es fácil de explicar. ¿Un Espantapájaros andante? Al principio dijo que se trataba de un viejo vagabundo pervertido que la acosó en el granero, pero ha ido cambiando la versión ¿Qué cree que haya sido, señor Meier? ¿Será uno de esos Intrusos, de los que han hablado?- Meier encogió los hombros y luego de un descanso tomó en sus manos un viejo y pesado libro sobre la mesa, tan cubierto de polvo que ni siquiera de podía distinguir el diseño de la portada, sus hojas eran apergaminadas, amarillas y frágiles.

-Todo lo que necesitas saber, muchacho. Está en este libro. Esos Intrusos que nombras son el reflejo de la calamidad misma,aunque nosotros los llamamos…

-Los Seis. Escuché que Nadia se refirió a ellos de esa forma. Marcovick lo confirmó de alguna manera ¿Quiénes son ellos? ¿O qué son? Dígame.

-Los Seis Apóstoles de la Destrucción, normalmente conocidos como Los Seis. Dime algo, muchacho ¿Crees en Espíritus, Demonios u otros seres sobrenaturales?

-No solía hacerlo, pero desde que vi esa extraña criatura, aquella noche de las luces, ya no estoy muy seguro…

-Bueno, Los Seis son algo así como el Santo Grial de todos los cazarrecompenzas, La Asamblea misma ha estado persiguiéndolos desde la Edad Media. No se sabe con exactitud su naturaleza, ya que su origen se remonta a varias leyendas e historias arcanas de diferentes religiones y tradiciones orales, que puestas a comparación, coinciden en que son entidades muy antiguas, probablemente malditas y al mismo tiempo, demasiado poderosas. Los mitos dicen muchas cosas sobre ellos, a veces llegando a contradecirse demasiado. Lo único que se sabe realmente es que son Seis y siempre van acompañados del caos y el mal augurio por donde sea que pasen.- Meier abrió el enorme libro que tenía enfrente, y estuvo buscando durante unos minutos hasta que al encontrar lo que necesitaba, le hizo una seña a Lucius para que se acercara, le mostró una ilustración descolorida pero intrigante: una figura hexagonal rodeada por seis figuras triangulares que aparentaban ser humanas, con las manos dirigidas a la figura principal. Dentro del hexágono central estaban unas runas indescifrables sobre la cabeza de lo que también parecía ser una persona en una posición muy dramática. Los triángulos descansaban 3 a la derecha y 3 a la izquierda, sobre el hexágono había otras runas y en la parte de abajo otra figura de similar apariencia a los tres triángulos solo que invertida y con las manos hacia los lados. El resto de la imagen era confuso, colores pardos y letras extrañas. En el pie de la imagen decía “Fig.1 “Descripción temprana del Ritual de Sanación de los Seis Apóstoles de la Destrucción.

-“Ritual de Sanación”… ¿A qué se refiere con eso? No entiendo mucho pero me imagino que estas seis figuritas son nuestros Apósoles ¿Pero las otras dos? La del centro y la de abajo… 

-No estoy seguro, las runas son antiguas y no he traducido todo el texto, pero por lo que entendí, Los Seis están interesados en esta figura central, tratando de liberarlo. Parece ser que esa persona o entidad es de suma importancia para ellos, y probablemente se encuentre en algún lugar de este valle, por eso es que están aquí.De la figura inferior no estoy seguro de qué represente, tal vez un sacrificio o simplemente algún hechizo. Lo que sea que sea, es algo peligroso, Lucius. Y temo decir que el peligro está más cerca de lo que creemos.

~Katzenberg.

Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•octubre 12, 2014 • Dejar un comentario

XLII. Los caminos vigilados por la soledad.

   Los pasillos eran oscuros y pesados, largos, con sombras casi tangibles que caminar a través de ellos daba la apariencia de abismos laterales, agujeros infinitos que más que intimidar, alentaban al caminante a seguir avanzando rumbo a lo desconocido. Así era la casa: un enorme abismo sin final donde no se sentía el caminar el tiempo; los días eran igual que las noches, nada se diferenciaba. No había relojes ni espejos, por lo menos en las partes donde Christine había estado paseando los últimos días. Hasta ahora decidió acatar las indicaciones que le había dado Nadia, sobre no visitar ciertos lugares, sin embargo hoy en la mañana, siguiendo el rastro de una polilla, (tal vez, también víctima del aburrimiento) fue guiada por caminos extraños, por escaleras sin frecuentar, por alas que jamás se imaginó hasta llegar a un portón grande y pesado, de ébano y tan polvoso que era fácil imaginarse que probablemente hubiese estado cerrado por más de veinte años. ¿Qué habría detrás? ¿Llevaría a más salas oscuras y olvidadas? ¿O tal vez llegaría a un espacio totalmente nuevo y sin explorar? Sentía la oscuridad acariciar su cuerpo, como manos formadas por polvo y sombras, por suspiros ocasionales desde el otro lado del pasillo, de aquellas voces tibias que rozaban su cuello como brisas amables en una mañana de invierno. “No continúes. No sigas adelante. Regresa.” Sus manos se posaban sobre la puerta y empujaba. “Regresa. No entres.” El gemido grave y angustioso de la madera moviéndose por primera vez en años. “No vayas. Vuelve.” Sus pasos avanzaban hacia una fuente de luz débil y borrosa, al final de un cuarto que se dividía en pequeñas fracciones. Al cruzar la puerta, la luz se había ido y la habitación se había cerrado. No había oscuridad más incomoda que la que se sentía ahí dentro.

*

   El rastro de muertos que había dejado Maija Shair llevó a Marcovick hasta los lugares más alejados del pueblo, pasando incluso los graneros donde se le ha visto desde hace dos días. Después del cementerio, Shair volvió a atacar a una familia en los bordes exteriores, donde volvió entrar en contacto con Marcovick, esta vez sin Stern, logrando perseguirle indefinidamente por el bosque. Él estaba consciente que era parte de un juego, como una cacería de un gato y un ratón. ¿Pero quién era quién? Se preguntaba mientras caminaba en la espesura del bosque, totalmente alerta de la constante presencia de Leila sobre su cabeza. Sí, definitivamente era un juego, y eso le molestaba demasiado.

   Cuando levantó el acta sobre lo sucedido en la iglesia, llegó a la conclusión de que la entidad que había poseído el edificio no podía ser nadie más que Halitus, el Tercero “Se comporta como un Poltergeist, toma lugares y se adueña de ellos hasta que termina consumiendo toda la energía local, entonces se va.” Con sus métodos actuales le era prácticamente imposible hacerle frente y aunque los Hammers tenían los medios para hacerlo, prefería mantenerlos cerca de la casa Engelberg. Ya antes tuvieron un susto con Errem Strain quien había estando asechando desde lejos en la colina. La situación no podía ser más tensa, especialmente estando solo, ya que el Capitán había enfermado repentinamente luego del ataque “Su único mal es la melancolía provocada por la edad, realmente amaba ese automóvil.” Sentía compasión por su viejo amigo, dejándolo descansar unos días mientras continuaba con la investigación. Aunque sabía cuatro de los Seis se habían revelado, cada día se preocupaba más, de hecho, le aterraba pensar en qué momento llegarían los últimos dos y todo lo que eso conllevaba. Era un pensamiento atroz que le enfriaba las manos.

   El rastro de había perdido una vez más, no tuvieron más remedio que regresar al cuartel donde Abigail les esperaba con una taza de café para todos, sonriendo cálidamente como si no pasara nada en el mundo. Automáticamente Marcovick sintió alivio al verla, su presencia siempre anunciaba unos momentos seguros de paz y probablemente algo de cordura.

-Veo que ya te has adaptado muy bien a este lugar. Debe ser un poco complicado ¿Sabes? Estamos pasando por momentos muy difíciles, quiero imaginar que sabes a lo que me refiero.

-Por supuesto que lo sé, mi señor. Precisamente es por eso que estoy aquí. 

~Katzenberg.

Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•septiembre 29, 2014 • Dejar un comentario

XLI. Clímax (ó Los primeros pensamientos antes de despertar.)

   Marcovick había recibido una notificación a muy tempranas horas de la madrugada: uno de sus agentes afirmaba haber encontrado la pista de Maija Shair, parece que se estaba refugiando en la iglesia norte. “No podría ser otro lugar” Pensó para sí mismo cuando se levantaba y calzaba sus botas. Hacía dos días, frente a su puerta se presentaron Lucius y Darla VanFleet acompañados de Stern; uno de Los Seis atacó la granja familiar y asedió a Darla en el granero. “Su nombre es Errem Strain, por lo que sabemos fue el segundo en llegar, leñadores y otras personas habían reportado su presencia desde hace un par de meses.” La primera en llegar había sido Leila, quien aparentemente había sido la responsable de todas las matanzas que sucedieron a mediados de Enero, ahora tres meses después se le había vuelto a ver por las noches rondando el pueblo, los Hammers confirmaron su presencia dos noches atrás. “Estamos muy cerca” Pensaba Marcovick mientras corría por un callejón con su revólver enfundado “Demasiado cerca, y me preocupa“.

   Stern se había adelantado a la iglesia, estacionándose frente a la entrada para dar un vistazo previo en lo que llegaban Marcovick y sus hombres. No tardaría mucho tiempo hasta que el hombre llegara al sitio, no parecía cansado después de haber corrido por el empedrado en la madrugada, su espíritu y vitalidad se veían reflejados en su increíble fortaleza. Después de reportarse y solicitar apoyo estratégico, formó a sus agentes y policías alrededor del recinto para vigilancia mientras que Marcovick y Stern, armados, entraban por el portón principal acompañados de otros tres agentes. Aún estaba oscuro y la poca luz nocturna que se colaba por los ventanales daba una atmósfera fría y tenebrosa. El polvo bailaba entre los haces de luz y pequeñas nubes marrón se expandían y contraían de vez en cuando sobre todo en las esquinas, confundiendo a los hombres. El lugar no era muy grande, solo una pequeña nave en forma de cruz de unos diez metros de largo con un par de habitaciones aledañas y otro puñado de oficinas al fondo. El ambiente casi barroco nublaba el pensamiento de los hombres, era la única iglesia católica en el pueblo y había quedado abandonada después de haber registrado varios fenómenos extraños unas semanas atrás. Mientras caminaban explorando el lugar se escucharon dos golpeteos en el fondo y uno de los agentes observó movimiento detrás de uno de los altares “Definitivamente hay algo aquí“. De pronto, Stern dio un paso atrás y con su candil iluminó al frente suyo: un rastro rojo se desplazaba por detrás del retablo, al seguir ese camino de sangre y detrás de una cruz gigante encontraron los restos de una persona, rodeada por latas y cobijas sucias. “Maldición, es Heinrich Poppe.” Pensó para sí mismo Marcovick mientras que el Capitán confirmaba su corazonada. El pobre hombre había sido degollado y acuchillado varias veces por todo el cuerpo, estaba desnudo y carecía de genitales “Fue la tajada en el cuello lo que lo mató” observando las demás heridas aparentemente hechas Postmortem. Como no había forense a vista calcularon que había sido hace unas pocas horas, tal vez cuando se dio el reporte. Stern subió la mirada luego de sentir movimiento del otro lado de la cruz, Marcovick se levantó apuntando con su arma, todos hicieron lo mismo.

-¡Pero qué grupo de hombres tan apuestos! Por favor trátenme bien, puedo con todos ustedes, cerditos.

-¡Detente ahí Yelena! ¿ó debo decir Maija Shair?

-¡Vaya! Es extraño, yo no los conozco y ustedes sí a mí ¿Ya soy tan famosa? … ¿Quieren esto? ¡Vengan por mí, queridos!- Gritó mirando al techo mientras se levantaba la falda moviéndose burlonamente, provocando a los hombres.

-Guarda silencio, maleficio. Estás en desventaja y te tenemos rodeada. No intentes ninguna estupidez.

-Cerdos, ¿Acaso creen que una señorita enfrentaría sola a cinco hombres fornidos? Eres un pervertido...-  En eso Maija agitó su cola entre sus piernas y dejó ver un par de cuernos de carnero en sus sienes, se mojó los labios y comenzó a correr hacia la salida. seguida por Marcovick. El portón se cerró detrás de ella, sorprendiendo a Marcovick mientras algo lo golpeó fuertemente en el pecho derribándolo de espaldas. Uno de los agentes fue jalado por detrás hacia la pared y fue lanzado al otro extremo. Comenzaron los disparos. Stern ayudó a Marcovick a incorporarse mientras enfrente de ellos se materializó un rostro que emergía desde la puerta, una cara blanca y larga, casi sin facciones con una expresión siniestra. La iglesia temblaba y uno a uno los hombres fueron cayendo, uno fue lanzado al techo para luego caer rompiéndose el cuello mientras que el otro fue embestido por una nube de polvo y lanzado bajo el altar, golpeándose la cara con la cruz que le cayera encima unos segundos después. Tres hombres muertos en menos de cinco minutos. Stern y Marcovick corrieron hacia la ventana que había roto Poppe y lograron escabullirse afuera mientras escuchaban a lo lejos la risa psicótica de Maija; al levantar la mirada la vieron de pie frente a ellos y sobre una lápida apuntó con su rifle al automóvil de Stern, haciéndolo estallar luego de dispararle al tanque se combustible.

-¡Vengan por mí, bolsas de carne! A menos que tengan problemas para “levantarse”. No se preocupen, he estado con viejos más decrépitos que ustedes, y también he podido con todos. Síganme si pueden ¡Cerdos, cerditos, cerditos pequeños al matadero!- Los agentes y policías comenzaron a dispararle mientras ella retribuía disparando al azar casi bailando y escondiéndose detrás de las tumbas. La escena dantesca de una jovencita jugando a la muerte con hombres experimentados en combate mientras su preciado automóvil se incendiaba parecía estar ocurriendo lentamente en la cabeza de Stern. “¡Vayámonos de aquí!” Los hombres caían mientras la despiadada asesina era perseguida por los callejones que rodeaban la calle. “Todos están muertos, capitán”. Siete oficiales y tres agentes yacían en la calle y en el cementario mientras otros dos hombres aún perseguían a la agresora por los los oscuros recovecos del pueblo. Se escuchaban disparos a lo lejos, al cabo de unos minutos todo era silencioso. Stern se incorporó mientras miraba su amado automóvil en llamas, Marcovick, ya de pie miraba a la iglesia consternado, hizo un movimiento y se dio cuenta que en la cornisa del campanario había de pie una figura escuálida que extendía sus alas intimidándolo. “Es Leila” Pensó mientras recibía la indirecta de alejarse del lugar, miró de nuevo a la iglesia, descifrando en las penumbras un cuerpo extraño y absurdamente alto que se asomaba por el ventanal roto, mirándolo fijamente a los ojos “Eso es demasiado”, tomó al capitán del brazo y se alejó cojeando mientras amanecía. Ya en el cuartel envió una alerta por radio a los Hammers: “Cuatro se han revelado, ojos atentos, faltan dos“.

~Katzenberg.

Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•septiembre 23, 2014 • Dejar un comentario

XL. Por el deseo de vivir.

   Shiratsu había estado investigando sobre la mansión Engelberg y los extraños efectos fisiológicos que provocaba su cercanía, durante sus días de entrenamiento realizó diferentes estudios sobre las casas protegidas por la Asamblea, pero no recordaba haberse topado con ésta en particular, y aunque había registros acerca de la mansión, no se encontraba ninguna clase de especificación. Todo el lugar era muy extraño y eso no lo dejaba tranquilo.

-¿No les parece extraño?

-¿Qué cosa? ¿El fabuloso olor que nos rodea por las noches o el hecho de que no sabemos qué sucede aquí?

-Un poco de los dos. Llevamos un par de noches en este lugar y hay algo que me molesta. De hecho, todo el valle me resulta muy peculiar. El tiempo parece pasar demasiado lento… en especial en esta colina. Hemos sido llamados para proteger una casa pero ¿Por qué no podemos acercarnos sin sentir nauseas o dolor de cabeza? Es como si estuviera protegida por algún tipo de sello que no conozco, y los conozco a todos.

-Naturalmente debe estar protegida por algo. Marcovick no nos lo dijo pero se entiende, aunque a mi parecer, luce más como un hechizo de contención. Es como si se hubieran esforzado mucho para mantener alejados a todos…

-…o prohibir que algo saliera. Piensa en esto Bela, todos sabemos que la casa Engelberg es la capilla sixtina de las casas encantadas. Tiene mucha importancia para la Asamblea y no solo eso; parece que Los Seis están interesados en algo que está adentro ¿Sabes lo que eso significa? Significa que todos los mitos que escuchamos de niños son ciertos: “Los Seis Apóstoles de la Destrucción” existen y son muy reales. Y si los cuentos son verdad, esa casa debe funcionar más bien como un recipiente. Lo que sea que esté adentro y que ha sido custodiado por la familia Engelberg desde hace siglos debe tener una importancia histórica equiparable con las cuevas de Lascaux o Stonehenge. No me digan que esto no les preocupa…

-No me preocupa, pero si me llena de curiosidad. Sin embargo me resulta igual de fascinante o aterrador el hecho de que todo el valle esta paralizado, como dices, si el tiempo no pasara por aquí. Además se ve demasiado tranquilo para estar en medio de una guerra mundial. Como si el conflicto no hubiera llegado hasta aquí a pesar de estar en un punto bélico muy fuerte, incluso nosotros tuvimos problemas para venir hasta acá. ¿Qué significa eso?

-No lo sé Rika, todo esto es muy confuso. Jefa ¿Qué piensas al respecto? … ¿Inka? ¿Me escuchas?

   El pequeño cuerpo de Inka estaba de pie frente al acantilado, miraba que a lo lejos rumbo al pueblo, había un horrible espectáculo de luces rojas y relámpagos purpúreos en el cielo. No había nubes ni truenos, todo era silencioso salvo las violentas ráfagas de viento que golpeaban los árboles y agitaban las ramas. El largo y trenzado cabello de Inka bailaba al ritmo del ventarrón, su mirada tanto preocupada como fascinada de pronto se volvió a sus compañeros.

-¿Ven eso? Debe ser una manera horrible de morir.

~Katzenberg.

Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•septiembre 16, 2014 • Dejar un comentario

XXXIX. Cuatro monedas de oro frente al bosque.

    Por disposición oficial se había declarado Ley Marcial en el pueblo, Stern seguía las órdenes de Marcovick anunciando públicamente un Toque de Queda a partir de las 8:00 PM, el primero desde que se tenía memoria. Aún en tiempos de guerra, no se había logrado tanto nivel de inseguridad y miedo entre las personas y aunque todo parecía estar tranquilo, la Oficina de Control de Migración no se daba abasto por las peticiones de familias que querían abandonar el pueblo. Por su parte, La Asamblea había cerrado los accesos prohibiendo salidas y entradas, reforzando la vigilancia en los puntos de peaje y asignando Agentes de Seguridad en las afueras del pueblo para evitar que alguien escapara, durante los primeros días se había introducido una nueva ley que permitía identificar a todos los residentes, proporcionándoles una “Licencia de Vivienda” con la que podían identificarse así como ayudar a escudriñar una búsqueda más precisa de más infiltrados en el pueblo, y aunque no todos estaban cómodos con la decisión, el Acto de Registro Popular se estaba llevando a cabo exitosamente. La situación no era favorable, y conforme pasaba el tiempo, los rumores sobre la rendición de Alemania estaban en boca de todos, incluso había quienes afirmaban haber visto aviones americanos zurcar las montañas, pronosticando un futuro incierto y con tintes sensacionalistas que solo provocaban más histeria y paranoia entre todos. Cuando se dio conocimiento público de que había sido la misma Asamblea quien había dictado las acciones de Marcovick, se presentó a su División de Agentes de Protección Especial, quienes actuarían únicamente bajo las órdenes del Superintendente.

   La Colina de los Vientos había sido asignada una escuadra especial impuesta personalmente por Marcovick para cuidar la casa; se trataba de un equipo legendario conocido como los “Hammers”, valientes soldados provenientes de diferentes países para servir los propósitos particulares de la Asamblea. Marcovick confiaba en ellos a tal grado de haberlos ocupado como guardaespaldas personales en distintas misiones así que su relación con ellos era lo suficientemente íntima como para haberles asignado un punto estratégico tan importante. Ellos eran Inka Heinemann, Arabella Bhatnagar-Singh, Erika Vriess y Shiratsu Asama, habían estado juntos desde hace quince años, habiendo atravesado por importantes misiones alrededor del mundo eran los mejores en la materia. Sabían que era una misión importante, tal vez la más delicada que habían tenido y estaban tensos. Por las órdenes que escucharon de Marcovick, la mansión Engelberg almacenaba algo de gran valor en su interior y que la ciudad estaba siendo asediada nada menos que por Los Seis, de los cuales habían sido propiamente identificados dos de ellos aunque había indicios de que otros dos más estuvieran involucrados. Los Hammers sabían que la leyenda Los Seis estaba solo a la altura de su peligrosidad, y si estaban implicados en el caso no iba a resultar ser un trabajo sencillo; en todo momento permanecían alertas, aunque procuraban no acercarse demasiado a la casa ya que habían notado un cierto malestar físico que nadie sabía explicar, y aunque no se alejaban mucho como para perder de vista la casa, preferían guardar su distancia.

*

   Esa noche, Darla había olvidado cerrar el granero, era tarde y aunque sabía que no podía salir ni siquiera dentro de su propiedad, el granero descansaba a unos veinte metros de la granja, así que se sintió confiada de salir unos momentos, tomó su saco, un candil y salió al intemperie mientras Lucius dormía. ¿20 metros? Parecía más un kilómetro y una extraña sensación le cogió por la espalda, temblando instantáneamente haciendo que encogiera su cuerpo. En la impenetrable oscuridad y el siseo del viento notó una extraña presencia que se apreciaba a lo lejos, a su izquierda frente a los árboles. Esa figura estaba de pie mirándola, parecía un hombre arrastrando algo en una posición muy extraña, se le quedó viendo unos momentos y se detuvo en seco, quedando exactamente a la mitad del camino entre la granja y el granero. Ella levantí el candil para intentar alumbrar en la dirección del extraño y notó un movimiento rápido, eso se agachó y comenzó a correr erráticamente hacia ella, moviéndose como un espantapájaros en el viento, agitando sus largas y escuálidas extremidades. Darla corrió todo lo que pudo mientras gritaba. Entró al granero y azotó la puerta cerrándola por dentro y apagó el candil. Lo que sea que estaba del otro lado golpeaba la puerta y la empujaba frenéticamente, hasta que a lo lejos se escucharon unos perros que venían delante de algunos agentes. El intruso retrocedió, dejó caer algo y se desplazó hacia el sur con los perros detrás de él hasta que desaparecieron en la espesura del bosque. Un par de agentes se quedaron atrás después de escuchar el llanto de Darla, notando que frente a la puerta había cuatro monedas de oro, así que pensaron que era un bandido que había intentado atacar a la joven, sin embargo Darla sabía que eso difícilmente podría ser identificado como un ser humano. Durante varias noches siguieron apareciendo monedas cerca de la granja VanFleet, pero después de muchas búsquedas nunca encontraron al responsable.

~Katzenberg.

Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•septiembre 8, 2014 • Dejar un comentario

XXXVIII. El bermejo en sus ojos.

   Stern y Marcovick aguardaban en la sala de espera de la clínica mientras los padres de la muchacha estaban dentro, se escuchaban llantos cortos y susurros, como si quisieran evitar que alguien más escuchara lo que hablaban, y tenían toda razón para temer, el pueblo estaba inquieto y al ser la única sobreviviente directa del ataque estaba claro que todos querían saber qué ocurría con ella, qué sabía al respecto y cómo logró sobrevivir. La prensa había estado rondando la clínica las últimas dos horas pero a petición de Marcovick no se les había permitido el acceso, la situación era muy tensa y nadie estaba tranquilo. El capitán no había dormido en dos días y el cansancio lo asediaba por dentro como una ráfaga de sueño golpeando sus ojos cada diez minutos. Cuando llegó el momento en que sus padres salieron de la habitación, hablaron unas palabras con Stern quien les prometió bajo juramento que atraparía a los responsables, Marcovick guardó silencio total, solo tenía en mente poder hablar con esa chica y averiguar todo lo que pudiera sobre el incidente. Los cuatro entraron silenciosamente uno por uno como si fuera una peregrinación.

   Estando adentro, el aura era fría y seca, el lugar se invadía con una quietud tremenda que solo era interrumpida por la atroz vista de la pobre muchacha que permanecía tumbada en la cama, inmóvil y cubierta con vendas, con la mirada ausente y apenas respirando con ayuda de unos aparatos extraños que emitían un sonido arrullador y casi somnífero. Con el aliento cortado, Stern saludó a la chica, Marcovick seguía callado mientras el Capitán hablaba con los padres de ella, solo intercambiaban miradas y lentamente se fue acercando a ella sin prestarle atención a los demás. Hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para poder escuchar su entrecortada respiración, y en voz baja y tranquila comenzó a interrogarla delicadamente.

-¿Tu nombre es Jeanette Guillard, no? ¿Sé que es un momento muy difícil para tí pero necesito hacerte algunas preguntas.- La pobre chica apenas logró asentir con la cabeza, comprendía que Marcovick tenía serias intenciones de ayudarle; cuando su familia llegó de Francia luego de escapar de la ocupación alemana, al entrar al pueblo fue el mismo Superintendente quien los recibió, y Jeanette, aún pequeña se grabó en su mente la mirada heroica y noble de un hombre que en otro contexto pudiera haberle intimidado, por eso aceptó devolverle el favor, una ayuda por otra ayuda, así que hizo todo lo que pudo para mantenerse tanto cuerda como estable. A su modo de entender y con toda la lógica posible que le caracterizaba a una alumna destacada de Sociología Criminal, no tuvo entrañas para poder explicarse lo que vio en esa persona, así que se limitó a narrar casi detalladamente su horrible experiencia, aunque cada vez parecía perturbarse más, y por su cansancio así como un miedo irreversible hacía pausas largas como pensando de qué manera poder continuar sin que sonara una locura. Se sentía avergonzada, violada, ultrajada, y ni siquiera podía comprender por qué o incluso quien sería capaz de almacenar tanta locura despiadada en su interior, por lo que a momentos se le quebraba su voz, y luego de apretar los ojos y los puños durante unos minutos volvió en sí misma, y hablando en su nativo francés se dirigió directamente a los ojos de Marcovick, quien comprendía perfectamente todo lo que decía.

-Sí, había visto antes a esa persona, jamás le hablé, ni supe quien era.

-Su nombre es Yelena Balanescu, creemos que es una infiltrada que vino desde Rumanía, sin embargo…

-No. Ese no es el nombre que me dijo.

-¿Qué nombre te dijo?

-No quiero decirlo, es como, si estuviera ofendiendo a Dios y a las buenas costumbres.

-Jeanette, por favor, necesito que me lo digas, es vital para la investigación. ¿Qué nombre te dijo?- Marcovick se notaba preocupado, el Capitán lo había notado desde hace unos momentos, era una desesperación tan notoria que incluso rivalizaba con el dolor de la chica. Stern, con su pesado cansancio de días sin poder dormir por momentos alucinaba y perdía la noción así que decidió tomar asiento junto a los padres de Jeanette, que tomados de la mano miraban consternados al jirón que les habían entregado por hija.

-...sus ojos, sus ojos eran rojos como el infierno, tenía cuernos y cola, y a mi oído susurró su nombre blasfemo, un nombre ridículo y atroz que pronunciarlo me convertirá en una pecadora sin salvación...- Con sus dedos dibujó una cruz en la sábana mientras volvía a apretar los ojos. Sus padres pidieron que se detuviera, que dejaran descansar a su hija, pero Marcovick estaba aterrado, comprendía que ese horrible nombre del que hablaba no era algo para hablar libremente así que buscó en su maletín papel y tinta y se lo dio a ella quien intentó escribir sin ver. Habiendo terminado apartó su mano y no volvió a hablar en todo el día; cuando Marcovick levantó el papel, lo sintió tan pesado como el plomo y al momento de leer la raquítica letra pudo descifrar algo que le erizó los vellos de todo el cuerpo y heló su sangre. Dudó un segundo, apretó el papel en su mano y se quedó meditando al lado de la cama, mientras ella lloraba. Sus padres le rogaron a los hombres abandonar el cuarto y dejar descansar a Jeanette, Stern accedió e indicó su decisión a Marcovick, quien luego de unos momentos se levantó en silencio, palpó la mano de la chica y le dijo algo al oído, aparentemente tranquilizándola, notando una relajación total en su semblante. Al incorporarse giró su mirada a los padres de ella y con una sonrisa estoica les dijo “Gracias por su cooperación, pueden estar seguros que nada volverá a ocurrirles, personalmente me aseguraré de que así sea.”, entonces abandonó la habitación. El capitán ya estaba esperando afuera, miró a Marcovick quien ya había borrado su famélica sonrisa de su rostro y mientras caminaban le preguntó “¿Qué le dijo a la chica?”

-Le dije lo que era necesario decir. Jeanette solamente fue un hecho aislado, es a Christine y Nadia de quien debemos estar pendientes. Por si las dudas refuerce la seguridad en el hospital durante unos días, y por favor vaya a su casa a dormir, parece que en cualquier momento de va a desplomar, amigo.

-En cuanto termine el papeleo dormiré, todavía quedan cosas que hacer. Pero dígame ¿Qué opina de lo que dijo la chica? Es una historia difícil de creer.

-Sin embargo pasó, ésto lo confirma.-Ya afuera de la clínica, levantó su puño agarrotado que aún sostenía el papel que ella había escrito. Entonces le pidió un cigarrillo, después de recibirlo intercambió la bola de papel por su encendedor e hizo una señal con la cabeza. -Léelo, pero no lo digas, y quémalo.

Confundido Stern desdobló el papel e hizo un esfuerzo por intentar leer la caligrafía cursiva de una chica con apenas pulso suficiente para escribir sin mirar, y entonces logró distinguir dos palabras que se le quedaron grabadas en su memoria, en medio de la hoja estaba escrito: “MAIJA SHAIR“, de momento no le encontró importancia pero siguió las indicaciones del hombre, y le prendió fuego al papel mientras lo echó a un bote público de aluminio donde al poco tiempo se consumió, entonces aceleró el paso para tratar de alcanzar a Marcovick que estaba por llegar al automóvil.

~Katzenberg.

Mein Engel über den Himmel ~ IV. “La Cacería”. (cont.)

•agosto 24, 2014 • Dejar un comentario

XXXVII. Intriga y decepción.

   Con hoy, hacían ya dos días Marcovick se había quedado en el pueblo, aplicando presión a los medios y tratando de poner orden al caos moral y popular que recorría todo el valle. Se redactaron los obituarios de las víctimas del tiroteo y se les dio sepultura en el cementerio del norte, solo sus familias directas fueron, tanto era el terror de ese lugar que ni siquiera estaban seguros de querer enterrarlos ahí, pero no había otra alternativa, pues era el único cementerio con espacio disponible para tantos servicios al mismo tiempo. Durante el sepelio se hizo notar la ausencia de un párroco, el vicario que residía en la iglesia había muerto hace dos años y no se había realizado ninguna transferencia desde entonces, además, dados los incidentes misteriosos que ocurrieron hace poco, la iglesia estaba vacía, nadie se acercaba ni para asomarse por curiosidad, aún estando a un costado del panteón. Las palabras oficiales fueron dichas por el Superintendente en compañía del cuerpo policial evitando extender su tiempo y yendo al punto. Cuando todo terminó, las familias se fueron mientras que Marcovick, rezagado hizo notar al Capitán una presencia del otro lado de la cerca, en el patio trasero de la capililla; con arma en mano siguieron el rastro de esa extraña visita hasta que se toparon con un muro sólido y alto, sin indicios de que alguien hubiese pasado por ahí, así que dieron media vuelta y regresaron al camino. La iglesia era un lugar bastante desolador con amplios corredores y profundos ángulos oscuros que a la par de la roca fría, daba una sentimiento de olvido e intranquilidad; desde que fue abandonada nadie volvió a entrar ahí hasta que Stern junto a un equipo entró a investigar finalmente, pero sin resultados favorables. Ahora que ya ni mantenimiento recibía, daba una impresión peor. 

-¿Qué fue lo que vio Señor? ¿Había alguien ahí?

-Me pareció ver una persona a lo lejos, asomando la cabeza en aquella esquina, pero no encontramos a nadie…

-Es extraño, durante el funeral me dio la sensación de que alguien nos miraba desde adentro de la iglesia, obviamente no vi ni dije nada para evitar que cundiera el pánico en las personas, ya han recibido demasiada información terrible últimamente.

-Sí, también sentí lo mismo, pero no había nadie… y ahora con lo que acabo de ver no dudo que algo este pasando ahí dentro ¿Echamos un vistazo? Podría ser que Yelena se esté escondiendo ahí.

-Es una posibilidad, entremos.

   Aunque alguien se esforzó mucho por cerrarlo, el portón se encontraba forzado, con su cerradura violada aparentemente a hachazos, con un empujón se abrió gimiendo y levantando una capa de hojas secas que se habían acumulado extrañamente en su interior. Ya no había velas encendidas así que la única luz que había dentro era la de los ventanales y eso daba un aspecto terrorífico al lugar. Los dos caminaron unos pasos hasta encontrarse con unas latas vacías, alguien había estado alimentándose ahí, más adelante encontraron unas cortinas usadas como sábana y más latas. Un ruido se escuchó a la altura del altar, revelando una figura homógenea que estaba de pia detrás del retablo, en eso algo corrió detrás de ellos y apuntándolo con su pistola Marcovick gritó “¡Alto ahí!”, entonces esa persona se agachó de rodillas cubriéndose la cabeza.

-Por favor no me maten, prometo que no he robado nada de aquí solo he estado durmiendo, por favor…

-¿Quién eres tú y por qué estás aquí?- Preguntó nervioso el Capitán.

-Me llamo Heinrich Poppe, vivía con mi familia en la calle Winters, pero mi esposa me echó hace dos días. Por favor no le digan a nadie que estoy aquí, no me maten, solo busco refugio.

-¿Heinrich Poppe? ¿Tú trabajabas con Blažej Kostka en su viejo pub, no es así? Tuve varias quejas sobre tus impertinencias alcohólicas hasta que de pronto desapareciste, se creyó que alguien te había pegado un tiro. Así que te echaron ¿Eh? No me sorprende. Señor Marcovick, le pido una disculpa, al parecer era este pobre infeliz quien había estado viéndonos… ¿Señor? ¿Me escucha?- Marcovick mantenía su mirada de nuevo sobre el altar, tratando de buscar algo que había estado ahí, giró la cabeza y dio media vuelta a donde estaba el capitán.

-Dígame, señor Poppe. Sabe por qué la iglesia está abandonada ¿Cierto? 

-Sí, algo escuché sobre una vieja loca que dijo haber visto al diablo aquí adentro, o algo así. Pero yo no he visto nada, aunque ayer en la noche escuché el viento colándose por las ventanas de la cúpula, pareciera como si fueran suspiros o murmullos. Yo no creo en todas esas tonterías que han estado diciendo, no he visto nada, pero no me siento muy cómodo aquí, es como si alguien más estuviera aquí adentro, de hecho pasada esta noche pensaba irme de aquí.

-Deberías regresar a tu casa, cobarde, y revindicarte. No estás en el pueblo para holgazanear y desperdiciar tu vida ¿Sabes? Si no vuelves hoy con tu familia regresaré por tí y te meteré a prisión ¿Entendiste?

-Sí señor, entiendo. Después de todo, haber saltado por la ventana solo hizo que me lastimara el tobillo, además la comida se me está terminando, solo traje lo que pude cargar de la alacena en mis manos, regresaré la cortina y también…

-¿Ventana? ¿Entraste por la ventana?

-Sí señor, admito que fue muy siniestro pero de haber sabido que la puerta estaba abierta, no habría tenido que verme como un bandido.

-Entonces la puerta ya estaba abierta… interesante. Capitán, vayámonos de aquí, perdemos tiempo. 

-Si Señor, además hoy en la mañana recibí noticias de la chica sobreviviente del tiroteo, parece que ya despertó. Apuesto a que necesitamos hacerle una visita.

-Sin duda alguna, capitán, sin duda alguna.

~Katzenberg.

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 349 seguidores